Como las que convivieron en el PSOE en otros momentos de su historia. Hubo una Izquierda Socialista estatutariamente aceptada como corriente de opinión y los más veteranos del lugar recordarán que en tiempos de Felipe González la FSM, la Federación Socialista Madrileña, no pocas veces se declaró insumisa. Eran otros tiempos, se dirá. Y es verdad. Pero hablando del pasado, no hace tanto que el propio Comité Federal defenestró a Pedro Sánchez apartándolo de la secretaria general. Después Sánchez cobró fuerza y volvió para tomar revancha apartando enemigos y colocando afines en los puestos clave de la organización.
Fuera de pequeñas críticas en boca de algún barón regional --Lambán, García-Page--, en el PSOE actual no se escuchan voces disidentes. De aquél: "el que se mueva no sale en la foto ", de los tiempos de Alfonso Guerra, con Sánchez se ha pasado a que quien critique al líder se queda fuera de las listas de las próximas elecciones. Y para muchos dirigentes actuales que no han tenido nunca otro trabajo la política es su forma de vida. El caso de Adriana Lastra es paradigmático a este respecto. La Moncloa controla y Ferraz toma nota, pero es cuestión de tiempo que poco a poco se abra paso un proceso de autocrítica al respecto de la deriva seguida por el partido desde que cayó en el culto a la personalidad del secretario general. Un proceso que culminará con la aceptación de lo que para muchos ya es una evidencia: Pedro Sánchez es un lastre.
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