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DAVID LAVILLA
Lunes, 13 de Junio de 2022

Pedro y el lobo

Sánchez es un lobo para Pedro. No hay más que observar cómo se ha ido devorando a sí mismo en el transcurrir de su legislatura. De su propio cuento. Y aunque trate de esconder su verdadera esencia con risas, mentiras y sainetes, le quedan muy pocos días a este señor para seguir tragando a costa de los españoles.

 
El apetito de este personaje dual es tan voraz como nocivo. Y mientras el político ha ido consumiendo a la persona, Pedro ha ido dejando de ser él mismo hasta convertirse en el caudillo de ese particular Leviatán que se ha montado, pensando que es un ser extraordinario. Y divinamente superior. 
 
Ya nos avisó de ese proceso digestivo tan excéntrico, y tan vergonzoso, la exvicepresidenta Carmen Calvo -también engullida por Sánchez- y no nos lo queríamos creer: “El presidente nunca ha dicho que ha visto rebelión en Cataluña porque cuando lo dijo era Pedro”. 
 
Así que, ¿quién es Pedro?, ¿y quién es Sánchez? ¿Se trata de una misma persona? ¿Es Sánchez un presidente? ¿Es Pedro un ser humano normal? ¿Ambos roles conforman un ente que devora todo lo que le viene al paso? ¿Es su propio apetito el que le hace pensar que está por encima del bien y del mal?
 
No lo sabemos, no. Y es muy posible que no lo sepamos nunca. Porque, visto lo visto, ni siquiera el mismísimo doctor Mikhail Litvak, al que se le considera a día de hoy el psicoterapeuta más prestigioso del mundo, podría llegar a conocer la verdad de este misterioso caso de bipolaridad. 
 
Lo que sí podemos ratificar es que existe en España un presidente de un Estado, de un país, de una nación, en la que la inflación se ha disparado tanto que la OCDE ya ha asegurado que superará el ocho por ciento; y ni siquiera el techo del gas, esa medida tan estelar, anunciada a bombo y platillo por su gobierno, podrá contenerla.
 
También hay que recordar que nadie estamos a salvo de su particular Leviatán. No en vano, ahora está tragándose a los más jóvenes. Y aunque les pretenda limosnear, mentir y camelar con sus famosos bonos de 400 euros para gastar en videojuegos, la cifra de desempleo juvenil es la que es: la más alta de la UE. Además, curiosamente Andalucía, donde en breve va a perder otras elecciones autonómicas el diecinueve de junio, se lleva la palma; porque es la comunidad más afectada por este grave problema.
 
Pero es que a todo este despropósito de datos del Leviatán que está creando Sánchez a costa de Pedro hay que añadir también que los recibos de la luz, de la gasolina o del diésel no tienen pinta de que vayan a parar de subir. Al menos mientras él siga de presidente.
 
Decía Thomas Hobbes en su Leviatán que el humano es un ser egoísta por naturaleza. Y que justamente por ese motivo hay que evitar por cualquier medio acabar en una contienda en la que nos enfrentemos todos contra todos. Así que, por si acaso, afirmaba Hobbes, hay que establecer una autoridad que nos vigile. Y eso es en lo que se ha convertido Sánchez nada más comerse a Pedro: en un centinela. En un vigía. ¿Pero entonces a nosotros quién nos protege de él? 
 
Pues la respuesta es más sencilla de lo que aparenta ser: nosotros mismos. Porque, si somos consecuentes, poco tiempo le queda al presidente de la pandemia en España para seguir viviendo como un caudillo en La Moncloa. De momento, los madrileños ya se han pronunciado. También los castellanoleoneses. Ahora solo queda que hablen en las urnas los andaluces para que a Pedro -ya devorado completamente por Sánchez- le den la estocada definitiva y le expulsen del panorama político español. Y así, sin contemplaciones, le hagan saber de verdad lo que es. Un personaje atroz. Un gobernante falaz. Un hombre que ha estado demasiados años viviendo del cuento. El de Pedro y el lobo.
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