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JULIA NAVARRO
Viernes, 27 de Mayo de 2022

Una guerra enquistada

Las noticias de la guerra entre Rusia y Ucrania van desapareciendo de las primeras páginas de los medios de comunicación. Pero la guerra continúa, se ha enquistado y puede ir para largo.

 
Los ucranianos resisten con valentía y Occidente está participando activamente para que puedan ganar la guerra. Antes de que comenzara la guerra, Ucrania ya recibía ayuda occidental y, ahora, el envío de armas y otros medios materiales es constante, además de contar con la inestimable ayuda de los servicios de inteligencia occidentales que permite al ejército ucraniano apuntarse importantes éxitos y poner en duros aprietos al ejército ruso. Pero aún así la guerra, ya digo, parece que se enquista y quizá ha llegado la hora de, sin dejar de apoyar a Ucrania, que los países occidentales desplieguen su capacidad diplomática para intentar buscar una salida.
 
Sin duda, la guerra está enriqueciendo a las empresas de armamentos. Ya se sabe que en las guerras siempre hay quien se enriquece a cuenta de las vidas ajenas. En cuanto al ardor guerrero de algunos países resulta cuanto menos inquietante sobre todo porque no son ellos los que ponen los muertos.
 
No sé qué se puede hacer, pero sí que los países occidentales deberían, a la manera de como lo ha venido intentando Emmanuel Macron, buscar soluciones, hablando con unos y con otros.
 
Esta guerra está dejando un reguero de víctimas, de ucranianos que han perdido la vida, de familias desplazadas que no saben cuándo podrán regresar a sus casas, de niños a los que se les está arrebatando el futuro. Y si se enquista está situación continuará la muerte y la tragedia. Eso sin contar con los efectos colaterales que también alcanzan al resto del mundo como se ha puesto de manifiesto en la reciente cumbre de Davos. Sí, es verdad que Occidente está infligiendo un importante daño a la economía rusa, pero no es menos cierto que la inflación en Europa cabalga desbocada y la crisis ya nos ha vuelto a enseñar su cara despiadada.
 
Así que esperemos que nuestros gobernantes frenen sus ardores guerreros y empiecen a hacer algo más. Sin duda hay que seguir apoyando a Ucrania en todo lo que necesite, armas, dinero, y lo que se tercie, pero al mismo tiempo buscar espacios para que la diplomacia pueda trabajar en busca de la paz, una paz difícil sin duda puesto que no debe saldarse con que Rusia se salga con la suya.
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