Pedro Sánchez, que parece haberse contagiado del lenguaje de sus socios separatistas, llamó "piolines" a los agentes qué en el otoño de 2017, en cumplimiento de las órdenes recibidas, procuraron restablecer el orden en el transcurso de los graves disturbios provocados por los separatistas en los días en los que el Parlamento catalán proclamó la independencia de Cataluña y la República.
Para quedar bien ante sus socios parlamentarios (con Rufián a la cabeza) necesitaba alterar la memoria de lo ocurrido en Cataluña durante el llamado "procés" endosando al Partido Popular en exclusiva la responsabilidad política de la reacción del Estado frente al intento de golpe tramado por los sediciosos .
Sánchez parece haber olvidado que el PSOE y él mismo apoyaron a Mariano Rajoy para que aplicara el Artículo 155 de la Constitución que permitió suspender la autonomía de Cataluña y que las fuerzas policiales actuaran en defensa de la legalidad. Los policías le han recordado que fueron los mismos que tiempo después envió el Gobierno presidido ya por Sánchez para sofocar los disturbios que se produjeron tras las condenas del Tribunal Supremo a los sediciosos.
Es fácil entender la justificada indignación de los policías y guardias civiles que arriesgaron sus vidas en aquellas fechas en las que Barcelona había vuelto a ser la tristemente famosa "Rosa de Fuego" de sus peores días de historia. Los policías se sienten despreciados y le piden que se disculpe. Dada su personalidad es dudoso que atienda su requerimiento. Sánchez está nervioso. Está nervioso porque él tampoco se cree las encuestas del CIS de Tezanos.
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