El progresismo feroz suele hacerse eco de muchos de los conceptos de algunas de sus más celebérrimas momias políticas, incluida la de Marx, para simular que defienden al trabajador en todos sus mítines políticos. Y les vemos en sus asambleas, puño en alto, cantando al unísono ese himno anarcolibertario internacional de la explotación, para luego merendarse, vía impuestos, al que dicen que es su camarada.
Pero los que viven a cuenta de sus cadáveres ideológicos dicen que el dinero lo debe controlar el Estado. Piensan que así está a mejor recaudo. Y se sienten más cómodos. Porque si el dinero fluye por las manos de los empresarios o de los ciudadanos, a lo mejor se enriquecen a base de esforzarse mucho. Y ya solo necesitaríamos al politiqueo progre para lo que se les paga: gestionar el erario público. Y no para dar limosna.
Y aquí deviene uno de los problemas de ahora, el de la su voracidad. Que viene disfrazada de una falaz plusvalía inmobiliaria. Porque a todos los españoles que se hayan esforzado en invertir todo o parte de su capital en pisos, en terrenos o en inmuebles de diversa consideración, ahora pretenden cobrárselo. Y lo quieren hacer de la forma más marxista posible: a golpe de talonario, a fuerza de plusvalía. Esa parte que ellos entienden como ganancia, aunque no se haya revalorizado nada su inversión. Es decir: invierte tú, que ya lo cobro yo.
Pero al comprobar toda esta voracidad del lobo vestido con piel de cordero, el Tribunal Constitucional les ha puesto nuevamente en evidencia -y van ya unas cuantas- por ir contra los derechos y libertades de sus ciudadanos. Y les ha dado un nuevo varapalo legal con este famoso impuesto de la plusvalía. Fundamentalmente porque se dieron cuenta de que era otro pretexto para desvalijar al pueblo una vez más. Así que, de momento, los jueces les han paralizado la acción de saquear carteras y reventar huchas ajenas. Y les han anulado los artículos en los que los valedores de Karl Marx declaraban y asumían que el suelo urbano siempre se revaloriza. Cuando ellos de sobra saben que no siempre ocurre así.
Y hasta ahí, más o menos bien. Lo que ocurre es que ahora la ministra María Jesús Montero quiere apuntarse un nuevo tanto dando aparentemente marcha atrás. Y ha dicho que hoy mismo ella “arregla lo de la plusvalía”.
Lo va a llevar al Consejo de Ministros. Ahora solo hay que esperar a ver qué “party” se les ocurre montar con el dinero de todos en ese conciliábulo. Es verdad que ya no está Ábalos. Pero, claro, sigue la ministra Montero. Así que la fiesta con ella seguro que tendrá su “Plus Ultra”. Vamos, que irá más allá.
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