Ahora la pregunta se la están haciendo sus socios de Podemos a cuenta del futuro de la traída y llevada reforma de la Reforma Laboral realizada en su día por el Gobierno del PP al dictado de la Unión Europea. Sánchez comprometió la derogación de la reforma en el pacto por escrito que firmó con Pablo Iglesias para que Unidas Podemos apoyara la investidura. Hace dos semanas, en el transcurso del 40 congreso del PSOE, volvió a decir que derogaría la reforma pero ahora, tras la cumbre del Clima, habla de "modernizar" la dichosa ley.
¿Cuándo dice verdad? Acostumbrado a elegir el mensaje en función del auditorio al que se dirige es un ejemplo de libro del Principio de Incertidumbre trasladado a la política. O mejor dicho: de oportunismo. Lo que pasa es que ahora, en relación con la cuestión de fondo -derogar una reforma que cuenta con el apoyo de Bruselas- se encuentra entre la espada y la pared. Si cede a la presión de sus socios -además de Podemos está comprometido con ERC y con Bildu- podría poner en riesgo las ayudas del fondo Next Generation EU, por lo que tengo para mí que tirará por la calle del medio retocando la reforma en aspectos no sustanciales y la anunciada tormenta perfecta se quedará en marea en un vaso de agua.
¿Por qué? Pues porque Yolanda Díaz ha tensado la cuerda pero no la romperá porque sabe que, en términos políticos, fuera del Gobierno no sería nada. Y los sindicatos viven de las subvenciones. En resumen: Sánchez saldrá adelante pese a su tendencia a decir lo uno y lo contrario sin pagar un precio político por su mendacidad.
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