Llegado el caso, apuntando lo que apuntan las encuestas, el PP con el apoyo de Vox podría formar Gobierno y entonces al club de parlamentarios de la moción de censura se les acabaría la barra libre. ¿Dónde iban a estar mejor que con un Pedro Sánchez que concede indultos y aguanta todas las impertinencias de Rufián o le da el pésame a los de Bildu tras el suicidio de un preso que cumplía condena por pertenecer a la ETA? Para los grupos separatistas que llevan año obteniendo ventajas, explotando la precariedad parlamentaria del PSOE y la ambición de poder de Sánchez, un cambio del signo del Gobierno lo cambiaria todo.
Llegado el caso, veremos que Sánchez tragará con las exigencias de ERC y con a la hoja de ruta que impulsa Otegi. La única duda es el PNV, ellos que siempre juegan al penalti en el último minuto sabiendo que el VAR está de su parte, andan ahora con la mosca tras la oreja por el juego que Sánchez se trae con Bildu, segunda fuerza política en el Parlamento Vasco. Desde la traición de la moción de censura que apuntilló a Mariano Rajoy, el PNV ha ido exprimiendo transferencias y todo hace suponer que seguirá en esa línea. Así las cosas no cabe esperar sobresaltos a la portuguesa porque, a juzgar por lo que vimos en la pasarela de Trujillo el pulso entre las vicepresidentas Calviño y Díaz por la Reforma Laboral, encaja más en una crónica del Vogue que en los decretos del BOE. En resumen, Portugal queda lejos.
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