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DAVID LAVILLA
Lunes, 18 de Octubre de 2021

El salto de la rana

Las teorías pasan, pero la rana permanece. Al menos eso es lo que decía el biólogo Jean Rostand. Y se refería al hecho de que gracias a este animal se podía aprender a solucionar cualquier tipo de problema.

Porque la rana es un ser vivo con el que se puede explicar el devenir de toda existencia. Al menos la conocida en este planeta. Y viene a ser algo así como lo que pasa con el PSOE en la vida política española.
 
Si al partido de Pedro Sánchez se le pudiera estudiar como a una rana en un laboratorio, daría para mucho. Por ejemplo, se resolverían infinidad de problemas de la vida parlamentaria española solo con observar su comportamiento desde su creación hasta ahora. Es más, se podrían establecer infinidad de hipótesis, y darían como resultado múltiples teorías. 
 
Una de ellas podría referirse al hecho de que el PSOE es tan resiliente que puede sobrevivir a todo tipo de dirigentes. Y la segunda podría ser que, para poder perdurar en el tiempo, el partido socialista elige a sus candidatos según sople el viento político. Y lo hace para situarse a favor de la dirección de la corriente ideológica del momento. Tal y como lo hace una veleta. Y es que los tres presidentes del Gobierno que ha dado esta formación -desde que se instauró la Constitución del 78- se han adaptado a la vida del adoctrinamiento de los españoles con la facilidad con la que lo hace un anfibio anuro desde el inicio de sus tiempos.
 
Pero se han adaptado todos. Sin faltar uno. Independientemente del momento político, económico o cultural en el que se haya visto inmersa España. Primero fue su fundador, Pablo Iglesias, porque tuvo que abandonar las bases ideológicas del marxismo para poder competir con el anarquismo, el anarcosindicalismo y el comunismo de su época. Más tarde, el periodo de adaptación estuvo a cargo de Largo Caballero, que llegó a aclimatarse a las premisas sindicales de la dictadura de Primo de Rivera. Posteriormente, otros presidentes del partido, como Indalecio Prieto y Julián Besteiro, se mantuvieron al margen de la radicalización de sus siglas en Asturias y en Cataluña para poder coexistir mejor. Y así llegaron hasta ese capítulo de la historia en el que los líderes socialistas en el Frente Popular tuvieron que permanecer, como pudieron, bajo el sometimiento de las reglas del juego político de sus camaradas de coalición y la mirada atenta de la CEDA.
 
Por último, después de su largo y triste periodo de supervivencia en el exilio, ya en fechas más cercanas, han aparecido nuevos presidentes que han resistido, como las ranas, a todos los ecosistemas posibles que ha traído la actualidad más inmediata. Y así se ha ido gestando la adaptación al medio, en el presente más inmediato. El que inició el proceso fue Felipe González porque hizo borrón y cuenta nueva a todo el pasado anterior para adherirse a un nuevo régimen parlamentario. Tras él, Zapatero, trató de sacar oro de la mina de su mandato gracias a sus pactos con el nacionalismo vasco y el catalán. Finalmente, Pedro Sánchez ha seguido el legado de su homólogo ZP, y ha querido vender a España al comunismo y al ultramicronacionalismo no solo por tratar de alargarle la vida a su partido, sino por dilatar su estancia en La Moncloa.
 
Pero se acerca un nuevo ciclo, un nuevo soplo político marcado por el hartazgo popular, y que está haciendo girar otra vez a la veleta. Así que por enésima vez el PSOE tiene que volver a readaptarse. A aclimatarse de la mejor manera a ese nuevo charco en el que ellos mismos se han metido. Y como no se trata de otra cosa que de salvar el culo, no queda más remedio que hacer equipo. Por esta razón, en el 40º Congreso Federal del partido, parece que los tres presidentes se han unido. Han cerrado filas, limando asperezas y acercado posturas para no morir en letargo de sus tibiezas. Por eso, ahora van a calentar mucho la olla del politiqueo. Y es que está científicamente comprobado que, cuanto más caliente esté el agua, más probabilidades hay de que se produzca el salto de la rana.
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