Se avecinan dos años malos, malísimos. Si ya de por sí el virus tiene a España en su penumbra más absoluta con este Ejecutivo, conforme se vaya acercando la fecha de volver a votar, lo vamos a pasar mucho peor.
Los que un día fueron enemigos, y luego se hicieron grandes e inseparables camaradas, se están volviendo a enemistar. Y todo este lío está fundiendo los plomos en La Moncloa a más de un ministrillo. Pero no porque realmente piensen que hayan gestionado juntos mal el país. No. Todo lo contrario -ya sabemos que la palabra “autocrítica” no existe en el diccionario de los necios-. Su problema es que ven que se les está acabando el chollo, y eso no les sienta muy bien.
Pero ya están buscando en la banda de Sánchez motivos para cortocircuitar el acuerdo con el objetivo de volver a conectarse con sus respectivas masas. Con sus votantes. Aquellos a los que ha olvidado por días de vino y rosas. Esos a los que deben su salario. Y a los que ahora les tienen que volver a pelotear.
Por eso el presidente de la pandemia en España y sus secuaces van a encender de nuevo el interruptor de la máquina de fabricar gresca. Y lo van a hacer para camelar al personal antes de dos años porque quieren tratar de convencerles de nuevo.
Pero la gente ya se está desenchufando de tanta corriente alterna populista porque, con tanto giro de opinión, se han sentido sin rumbo. Muy perdidos. En el lodo, como dice la canción. Y ya no saben si el político de turno va para un lado o para el otro. Y ahora tienen esa desagradable sensación tan parecida a la de encontrarse con Yolanda Díaz en una escalera. En la que es muy difícil saber si sube “la Yoli”, o si baja una ministra.
Es verdad que Podemos tiene que hacérselo mirar. Porque en toda esta legislatura solo ha sido un triste hilo de cobre para poder hacer llegar a más gente la información que ha dictado el Sanchismo. Pero, aunque no lo quieran ver, los podemitas son igualmente responsables. Aunque solo sea por dejarse engatusar con ese electromagnetismo que produce el dinero y su poder.
Pero los hechos son los hechos y dan para lo que dan. Eso no se puede discutir. Han subido los impuestos. El pan. La gaseosa. La gasolina. La electricidad. Y todo repercute muy directamente en que ha bajado la calidad de vida de las personas que tienen que ir a votar. Aún así, piensan que pronto lo van a arreglar todo. A su manera. Montando gresca. Con el Cisma de la luz.
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