El mes de septiembre ha llegado entre rayos y truenos, y vamos a tener, metafóricamente, mucho más de eso en los próximos días, semanas y meses.
Ajeno al tronar y a alguna significativa ausencia empresarial, y fiel al calendario que él mismo se ha fijado, acudió Pedro Sánchez a su tradicional 'comienzo de curso' en la Casa de América para prometer una inmediata subida del salario mínimo -adiós al debate interno sobre la cuestión, que tan mal ha sentado en la patronal- y... pasar como de puntillas sobre el precio de la luz, desairando, eso sí, las propuestas de Podemos, ajenas a lo que dice la UE. Es un tema que se ha convertido, sin que nadie pareciese darse cuenta, en un problema político de primera magnitud, precisamente por ser un problema económico. Está en el centro de esa 'recuperación justa' por la que aboga ahora el nuevo eslógan gubernamental, y la pondrá a prueba.
Sánchez domina bien los tiempos, que nunca coinciden con los periodísticos, y controla las escenografías con discursos genéricos, en los que concreta poco, pero que logran titulares 'positivos'. Sus comparecencias, que buscan un marco sosegado, ocultan las marejadas internas y la auténtica revolución que está haciendo en algunas parcelas, por ejemplo de cara al inminente congreso del PSOE, en su partido. Las revoluciones, mejor presentarlas de golpe, sin demasiada trompetería previa.
No sé qué más sorpresas próximas nos ofrecerá el presidente, que tiene por delante nada menos que la apertura del año judicial, donde, en presencia del Rey, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial, Carlos Lesmes, lanzará el lunes un órdago, harto de la no renovación del gobierno de los jueces: eso sí que, si se cumplen los pronósticos más pesimistas que maneja el Ejecutivo, van a ser rayos y truenos. Aunque cierto es que fuentes que se consideran cercanas a La Moncloa te dicen que Sánchez y sus íntimos están convencidos de que el conflicto entre los poderes de Montesquieu "es algo que no interesa demasiado a los ciudadanos".
Así que lo importante es seguir con los golpes de efecto. Pero ahí quedan los temas sustanciales, y el problema más grave, aún más enconado: seguimos anclados en las ideologías, ajenos a ese proceso de "diálogo y reconciliación" que nos recomendaba a los españoles el Papa Francisco en su entrevista de este miércoles con el periodista Carlos Herrera. Claro que el abismo entre las dos Españas no se aborda ni en la Casa de América, ni en Ferraz, ni en Génova ni, desde luego, en La Moncloa. Son rayos y truenos lejanos a los que nuestro paisaje ya está acostumbrado; más o menos lo de siempre, los españoles empeñados en destruirnos sin jamás lograrlo, como decía Bismarck con sorna. Rayos y centellas a corto plazo, tambores lejanos a largo. El otoño, como el invierno y quizá la primavera, tormentoso.
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