Estamos conmocionados por las imágenes de personas cayendo desde los bajos de aviones, a los que se agarraron en su desesperación por escapar, y muchas otras.
Dejamos aquí las razones que llevaron a EEUU –a raíz del 11-S- a tan gran despliegue en Afganistán, discutible para muchos. Después de 20 años de presencia, en los que se estima haber comprometido hasta unos 200.000 afganos en diversas tareas auxiliares (que otros elevan hasta unos 300.000, contando los empleados también por los países que acompañaron a EEUU en la operación), ahora en muy grave peligro, la gran potencia norteamericana se retira demostrando que los aliados cuentan apenas para ella: A raíz del citado 11-S, se activó por primera vez el art. 5 del Tratado del Atlántico Norte (ayuda mutua ante ataque contra un miembro de la OTAN en Europa o América del Norte), para auxiliar a EEUU; la respuesta a dicha solidaridad de la UE, así como de otros países, ha sido una penosa unilateralidad estadounidense.
Ya Obama y Trump habían propuesto en su campañas sacar al país de Afganistán, pero recularon. El gran desastre final ya se apuntó con Trump: desde 2018 inició negociaciones con los talibán (y no talibanes, pues talibán es el plural de talib, estudiante), que se interrumpieron varias veces, hasta que EEUU aceptó la exigencia talibán de ¡apartar al gobierno afgano de las negociaciones! Siguió negociando él solo, sin contar tampoco con sus aliados que han gastado mucho dinero y perdido vidas.
Finalmente, en Doha (Catar), el 29.02.2020, ambas partes acordaron (la BBC habló de rendición) la retirada de EEUU “y sus aliados” en 14 meses desde el anuncio. Con levantamiento de las sanciones de Wasinghton a los talibán; liberación de miles de presos vinculados al fundamentalismo islámico; sin que se les pidiese compromiso de respeto de los derechos humanos. Hubo compromiso talibán de no dejar usar Afganistán contra EEUU, pero sin incluir un mecanismo de garantía. Los talibán y el gobierno afgano deberían establecer negociaciones para un alto el fuego y acuerdo sobre el futuro del país. Pero, resultó que se incrementó la violencia talibán, por buscar más fuerza en las negociaciones controlando más territorio (según expertos, durante la guerra ya librada siempre los talibán habrían mantenido el control aproximado de un 30% del territorio); y que empezaron rendiciones de mandos militares y policiales a cambio de dinero talibán, al verse más cercana la retirada estadounidense.
A los tres meses como presidente, Biden anunció (15.04.21; véase artículo de la CNN español de esa fecha) que antes del 20 aniversario del 11-S todos los soldados de EEUU y aliados saldrían de Afganistán. De su demagogia da cuenta esta frase (entre otras): “Seremos mucho más formidables …a largo plazo si peleamos las batallas de los próximos 20 años, no de los últimos 20”. Hubo gran oposición a este anuncio; la Casa Blanca reconoció desacuerdos de “algunos asesores militares y de seguridad nacional” de Biden. Es un grave error avisar a un enemigo aguerrido de la fecha máxima de retirada total.
La gran ofensiva talibán comenzó el 1 de mayo, simultáneamente con la retirada de la mayoría de tropas de EEUU; y para el 21.07. aquéllos ya controlaban medio país. Ya el 8.07 Biden había anunciado que la retirada se adelantaba al 31 de agosto, pues para los soldados “rapidez es sinónimo de seguridad” (¿y para los demás?). La pregunta turbadora es ¿por qué si EEUU no quería seguir, no acordó con tiempo con la OTAN y demás aliados una presencia militar, mientras se concluían las conversaciones entre los talibán y el gobierno? El final (con los terribles atentados del “Estado Islámico”, rival talibán, en el aeropuerto de Kabul; en cuya previsión estos últimos tenían razón) da alguna razón al que fuera asesor especial de Obama para la zona, R. Holbrooke: “la guerrilla gana la guerra cuando no la pierde”.
Vemos que el final desastre, geopolítico y humanitario, se debe en esencia a la servidumbre de los políticos occidentales respecto del voto, necesario para estar en el poder. Entre diversas formas de entender la democracia; la actual de Occidente es muy mala: El voto de un catedrático en Políticas, etc. con muchos años de ejercicio, vale lo mismo que el de un estudiante de cuarto año. El de dos tontos vale más que el de un inteligente y el de dos inmorales más que el de alguien moral. Si al menos, se pidiese para adquirir el derecho a votar un mínimo conocimiento de la Constitución y las leyes, sería más pasable; pese a subsistir enormes diferencias. Es un sistema que prácticamente impide que el más inteligente y moral acceda al poder: los tontos no le votarán porque no le entienden, y los inmorales tampoco obviamente. El poder al final es de los grandes capitalistas que controlan los medios de difusión.
Debemos de encontrar un orden político que evite el totalitarismo de los fanáticos y el totalitarismo de la mera mayoría; en ambos casos es la sinrazón de la sola fuerza. Sería un sistema en el que el juego de partidos (imprescindibles hoy por diversas razones) esté subordinado a la moral y el interés nacional. Un voto que cuente con los conocimientos de la persona, edad, compromiso social, méritos, etc. Pero esto debe ser desarrollado en otro artículo.
*Ex funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores. Analista político. Agradecimientos: Luis Herruzo, que fue Agregado de Defensa en la Embajada de España en Afganistán. Koldo Salazar analista político.
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