Los espías de la CIA estaban a rolex, y Joe Biden, a setas. Después de años de lucha internacional liderada por los EEUU contra el terrorismo y la violencia de los regímenes próximos al yihadismo, en apenas unas semanas la inmolación occidental y de las Naciones Unidas se ha derrumbado como un castillo de naipes. Ha bastado un incomprensible y escandaloso paso atrás del nuevo Gobierno estadounidense para que el avispero talibán volviera a las andadas.
La represión, la imposición totalitaria y la guerra han vuelto al escenario de hace dos décadas, con la diferencia de que hoy hay mujeres afganas, especialmente las más jóvenes, nacidas en ese paréntesis y que, con menos de 20 años, no deben de entender absolutamente nada sobre esas exigencias inhumanas de no salir de casa, no poder trabajar, no estudiar, no jugar, ir tapadas y someterse a un dictado político-religioso del ordeno y mando.
Mientras, en el Occidente del happy flower, los aupadores de Biden y toda la progresía alternativa de socialcomunistas, feministas radicales y supuestos defensores de los derechos humanos se callan ante los golpeadores de puertas de la realidad, frente a esa otra inventada de los lenguajes inclusivos, el diálogo arrodillado con los malos y la cesión ante los chantajistas.
A ver quién reza ahora por los occidentales muertos en Afganistán, quién defiende la verdadera causa de las democracias y la liberación de las mujeres, o cómo se compensa la oblación de los caídos por la libertad. Europa y EEUU se limitan ahora a sacar a unos miles de afganos de ese país abatido y abandonan a su suerte a todos los demás, igual que sucede con otras dictaduras incrustadas en distintas regiones del mundo. Biden tenía una papeleta de veterano y la ha roto incluso ante su predecesor demócrata, el señor Barack Obama.
Asdg | Martes, 24 de Agosto de 2021 a las 10:05:20 horas
Buen artículo, si señor
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