Miércoles, 28 de Enero de 2026

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DAVID LAVILLA
Lunes, 16 de Agosto de 2021

Abusos de generosidad

Ayer, cuando nos despertamos mi mujer y yo, estaba la casa recogida. Habían limpiado el polvo. También habían pasado la mopa. Y el cuarto de baño estaba desinfectado con W5, el spray antical. El café estaba hecho. Y encima de la mesa había dos cruasanes rellenos, calientes, con una nota que decía: “Gracias por vuestra magnanimidad”.


Inmediatamente llamamos a nuestra vecina por si había tenido el detalle de querernos ayudar, pero no. Nos dijo que a ella y a la del número cinco les había sucedido lo mismo. Así que las tres parejas decidimos llamar a la policía. Tardaron un poco en llegar porque, según nos contaron, habían recibido unas cuarenta y dos mil llamadas denunciando, como nosotros, “abusos de generosidad”. 
 
Preguntamos si manejaban alguna hipótesis, pero nos insistieron en que no. Por eso nos dijeron que si podíamos echarles una mano entre todo el vecindario. Y como la unión hace la fuerza, y en Twitter las personas aparentan ser más inteligentes que Sir Andrew Wiles, sugirieron abrir un hilo allí para podernos comunicar de manera más eficaz. Pero, obviamente, el ‘posteo’ resultó ser más un bombardeo de bazofia que un canal óptimo para descifrar el entuerto, intercambiar opiniones o manejar mejor la información.
 
Un tal @JeffBezosSideral dijo que no había que preocuparse por nada, que tal vez se tratara de los dueños de Amazon Prime para hacer una nueva campaña de publicidad. Otro pájaro del barrio, que se se hacía llamar @PabloCruasán, apuntó que todo ese jaleo era obra del exvicepresidente Iglesias porque, después de habernos limpiado en profundidad, no se había ido de casa sin haber puesto antes un buen par de cuernos. Otra cuentista de Twitter, con el nick @Leoseva, decía que probablemente pudiera ser un regalo de Laporta porque Messi había dejado las cuentas tan saneadas que quería tener un detalle de pulcritud a nivel nacional. Y, finalmente, siguiendo este hilo de suma limpieza, otro pájaro del barrio, que se apodaba @TitoEchepágameya, sostenía la hipótesis de que todo era obra de la asistenta de Pablo Echenique. Y que esto lo hacía por puro despecho, como efecto mediático, al no haberla dado de alta en su momento en la Seguridad Social. 
 
Y así las cosas, mientras se iba comentado públicamente todo este berenjenal, más se armaba el taco. Más se enredaba el hilo. Y todo el diálogo, que iba surgiendo a cuenta de esa limpieza general, se iba transformando más en un cacareo de estupideces sin sentido que en un buen listado de hipótesis claramente eficientes para ayudar a restar trabajo en la comisaría. 
 
Pero realmente, pensándolo bien, el problema no ha sido el lío que se ha montado entre ayer y hoy con todas esas estúpidas gilipolleces. El descontento tampoco ha llegado cuando se han percatado los tuiteros de que las contestaciones más cuerdas son las que escriben los ‘bots’. El malestar ha reinado cuando todo el gallinero se ha dado cuenta de que la historia podría ser solo un cebo para tenernos distraídos a todos. Y es que parece ser que ya más de un pollo ha constatado que cuanto más tiempo pasa la muchedumbre en Twitter, más va subiendo la factura de la luz.
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