La pela es la pela, tú
El Fútbol Club Barcelona es un espejo de lo que le está pasando a Cataluña. Es un espacio inflado que por fin ha hecho ‘boom’.
Y es que tanto préstamo, tanta concesión, tanta condescendencia… Pues eso, que al final todo pasa factura. Porque dejar las cuentas en manos a los discípulos de Jordi Pujol no es un buen negocio. A menos que tengas algo que ver con el difunto “Bernie” Madoff. O con Baldomera Larra. O con Carlo Ponzi.
Tanto a la masa social del Barsa, como al independentismo catalán, se les ha estado vendiendo durante mucho tiempo el cuento de un negocio, con forma y fondo de pirámide emocional, que ahora acaba de derrumbarse con el adiós de Messi.
Pero, claro, eso es solo, en el caso del fútbol, la punta del iceberg. Dentro de poco vendrá el resto. Porque debajo del mundo del balón está el fango del politiqueo. Y en el momento en que vayan a cuadrar las cuentas alguien que sepa de economía, y de decencia, sabremos que esos regalos que está haciendo Pedro Sánchez a los indepencuentistas a cambio de montar en helicóptero van a salir por un pico. Como le ha pasado al Barsa con Messi.
Se calcula que la deuda de Cataluña sobrepasa los 10.000 euros por persona. Y es la comunidad autónoma que más debe de todas. Muy a pesar de tener su propio infierno fiscal. Pero, ¿qué hacen con lo que deben? Mejor, ¿por qué deben tanto? ¿Quizá porque se lo gastan en embajadas? ¿Puede ser que tener una agencia espacial propia no ayude mucho a sanear su contabilidad? ¿A lo mejor tanta subvención para la proliferación ideológica independentista le puede restar potencialidad a su propia estructura económica? ¿Mantener a tanto gorrón que viva del falso relato hace que les vaya peor?
Todo lo que ha estado disfrutando el indepencuentista de marras lo vamos a pagar los ciudadanos a precio de oro. Messi no ha sido nunca gratis por mucho que haya salido de la cantera. Como tampoco las diadas y los sobresueldos de Puigdemont.
De momento el circo económico catalán se ha ido sobrellevando, más o menos bien, gracias al pago de favores de Sánchez. Pero, obviamente, nadie da duros a peseta. Y mucho menos durante tantos años. Porque, más tarde o más temprano, se va a tener que pagar de la misma forma y con la misma moneda. Pese a quien pese. Solo que la factura va a ser más densa.
Pero todo esto que no nos pille de nuevas, ya se lo advirtió Clinton a Bush: “es la economía, estúpido”. Y sobre este pequeño detalle todos sabemos el desenlace. No hace falta explayarse tampoco mucho más con este cuento de final cantado. Tanto gastas, tanto debes. De momento se va Messi, para desgracia de todos los que amamos el balón. Y poco a poco se irán los demás. Uno a uno. Hasta que se caiga toda esa estafa en forma de pirámide emocional. Y es que la pela es la pela, tú.
Y es que tanto préstamo, tanta concesión, tanta condescendencia… Pues eso, que al final todo pasa factura. Porque dejar las cuentas en manos a los discípulos de Jordi Pujol no es un buen negocio. A menos que tengas algo que ver con el difunto “Bernie” Madoff. O con Baldomera Larra. O con Carlo Ponzi.






















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