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DAVID LAVILLA
Lunes, 02 de Agosto de 2021

Bonnie and Clyde

Un hombre y una mujer se han puesto a pegar tiros y se han llevado un buen pellizco de oro cada uno. Dicho así podría parecer la historia de Bonnie and Clyde. Pero no. Son dos españoles. Se llaman Fátima Gálvez y Alberto Fernández. Y son campeones olímpicos.


Ese par de truhanes ha conseguido en Japón la primera medalla olímpica de oro para nuestro país. Ha sido en modalidad mixta. Y, además, compitiendo en un deporte minoritario. 
 
En silencio. Partido a partido, como siempre dice el Cholo, han ido sumando logros y cazando triunfos cada año. Y, para colmo de males, lo han tenido que hacer disparando por separado. A oscuras. En un deporte que no se ve. Alberto desde Illescas, en Toledo, que “se abriga del frío con la bufanda del río”, como decía Gloria Fuertes. Y Fátima desde Córdoba, “lejana y sola”, como en su día escribió Lorca, y quizá vaticinando el poeta las dificultades con las que se iba a encontrar la tiradora por el camino.
 
Pero aun con toda una gran suma de dificultades, el caso es que desde la distancia del espacio, pero juntos en el tiempo, Fátima y Alberto, a pesar de esa lejanía tan cercana, de los pocos medios con los que contaban, y del escaso apoyo de las instituciones, han sabido disparar unidos ante la adversidad. Y finalmente se han hecho con el botín.
 
Habrán tenido muchos días grises. También momentos afortunados. Pero, para bien o para mal, todo se lo han callado. O se lo han hecho callar. Porque muy poco se ha hablado de ellos y de sus escopetas durante cuatro años. Con frío. Con agonía. No se les ha oído ni una queja. Ni un disparo malo han dado. Todo lo que han ido haciendo parece que ha sido con silenciador. 
 
Apenas algunas líneas en un par de medios. Tres cortes o cuatro de cinco segundos en alguna radio. Algún tuit de su Real Federación cuando han sido Campeones de España, de Europa o del Mundo. Pero nada. Poca cosa. Mucho plato roto. Y ninguna salva de honor. Ni siquiera un triste fogueo.
 
Casi mejor para Alberto y Fátima. Porque pueden decir bien orgullosos que han sido ellos solos. Los dos. Juntos. Un hombre y una mujer, a pesar de los inconvenientes. De los contratiempos. De la escasa, o nula, facilidad para poder conectar y trabajar al unísono. Pero finamente lo han logrado. Incluso no habiendo conseguido medalla por separado en estos Juegos los dos. Han vencido a la par al oponente, y hasta  han sobrevivido -por el momento, eso es verdad- al fuego amigo del politiqueo. 
 
Pero así deben sentirse más satisfechos los dos. Porque, qué bendita locura donde han llegado Fátima y Alberto. Al mismísimo Olimpo. Y qué lección han dado a los estúpidos acólitos del petardeo apocalíptico de la feministra, que no hace otra cosa que vender pólvora mojada.
 
Vaya cañonazos de verdades de oro han disparado Bonnie and Clyde con sus escopetas a los tontoministas. Y es que a ver si se entera la gorrona piscinera: un hombre y una mujer juntos, en equidad, pueden con cualquier obstáculo, incluso con aquellos que con anterioridad no hayan podido sobrepasar individualmente. Qué manía con querer separarnos. Solo para hacerse unas cuantas fotos dándose besos de Judas. Para recibir su paguita.
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