Vendetta
Tiene Luis Enrique una magnífica ocasión para partirnos la cara a todos los que hemos dudado de él. Y también de vengarse de los italianos por romperle la nariz.
En la víspera de San Fermín, nuestro seleccionador puede mandarnos a paseo a todos los cenizos. Y a los italianos también. Porque está en su mano hacer verdad aquello de que ‘La venganza es un plato que se sirve frío’, como ese spaghetti western de Pasquale Squitieri que los de ‘il calcio’ conocen muy bien.
Desde el 9 de julio de 1994, cuando el árbitro Sándor Puhl no quiso ver aquel sangriento penalti, parece que Luis Enrique ha estado trabajando -y los astros junto a él- para poder desquitarse a lo grande, como Sergio Leone en una gran obra maestra repleta de revancha y de resarcimiento.
Es verdad que en todos estos años, entre tanto, el asturiano ha tenido de todo y para todos en esto del balón. Y unas veces por bueno, otras por feo y otras por malo, el seleccionador nunca ha pasado desapercibido. Pero siempre ha estado a las duras y a las maduras. Eso no se le puede negar.
Tampoco se le puede negar todo lo que ha conseguido en su vida deportiva. Son hechos. Como jugador ha ganado tres veces La Liga. Se ha proclamado otras tres campeón de la Copa del Rey. Ha sido dos veces dueño de la Supercopa de España. Y también ha logrado hacerse con una Recopa de Europa, una Supercopa y ha conseguido una Medalla de Oro en Barcelona 92. Como entrenador, el bueno de Luis Enrique ha ganado una Champions, dos ligas, tres copas y una Supercopa de España. Y como “las opiniones son libres y los hechos son sagrados”, como dijo Charles Prestwich Scott, y también mi profesor, parece que, con todos estos datos, lo de Luis Enrique -en lo que tiene que ver exclusivamente con el fútbol- es incontestable. Guste o no.
Pero también es cierto que para gustos, los colores. Eso es inevitable. Y por mucho que haya conseguido el seleccionador, algunos no podemos esconder que estamos muy dolidos porque nos ha privado de ver de rojo al blanco de Ramos. También nos ha dejado sin saber cómo luciría en la Eurocopa la camiseta de España el verdiblanco Canales. O el celeste Aspas. O el amarillo Parejo. O el rojiblanco Hermoso. O el propio Saúl.
Pero en esto de las listas de listillos del balón nunca nos vamos a poner de acuerdo, a no ser que Luis Enrique dé un golpe en la mesa, se vengue y nos haga cambiar a todos sus opinantes de opinión.
Para explicar todo este jaleo de criterios y pareceres existe un tópico futbolístico muy empleado en su momento por Luis Aragones que dice que “de fútbol y de medicina todo el mundo opina”. Y después Jerónimo Tristante lo perfeccionó: “Todos llevamos dentro un médico, un seleccionador y un detective”. Y no les falta razón a ninguno de los dos. Porque lo del doctor parece que ha quedado muy claro en esta pandemia. Lo del seleccionador ya se ha constatado en todas las convocatorias que ha dado el entrenador. Y de cotillas siempre hemos andado muy sobrados en este país.
Pero el caso es que las cosas son como son y no como pretendemos que sean. Y el que tiene que mandar, de momento, lo está haciendo bien. Al menos así lo dicen los resultados. Quizá a algunos no nos gusten las alineaciones. O las formas con las que se emplea ‘Lucho’ el gijonés. Pero a veces puede llegar a ser muy divertida su manera de proceder, porque Luis Enrique es tan soberbio como aleatorio. Y eso entretiene un montón. Hasta a veces, cuando se le ve en los programas de los ‘titiri-shows’ deportivos, uno agradece poder ver que alguien hable tan borde. Porque justamente eso puede hacerte evocar a tu suegra, a tu jefe cuando está revirado o al mejor amigo de tus enemigos del patio del colegio.
Por eso, mientras prepara su penúltima comparecencia antes de culminar su gran vendetta, muchos estamos deseando oírle decir: “A mí no me gusta llamarlo venganza, prefiero decir que estoy devolviendo un favor”. O soltar otra perla como: “Toda la prensa me dice que estoy obsesionado con vengarme, pero esto no se va a quedar así”. Y ojalá que lo diga y que lo haga porque, aunque él no se lo quiera creer, su particular vendetta nos va a hacer muy felices a todos los españoles. Y también a los que piensan que no lo son.
En la víspera de San Fermín, nuestro seleccionador puede mandarnos a paseo a todos los cenizos. Y a los italianos también. Porque está en su mano hacer verdad aquello de que ‘La venganza es un plato que se sirve frío’, como ese spaghetti western de Pasquale Squitieri que los de ‘il calcio’ conocen muy bien.


















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