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JULIA NAVARRO
Viernes, 28 de Mayo de 2021

Dos ex

Es lo que tiene la edad, que te permite echar la vista atrás y examinar el presente con cierta relatividad, tanta como para interesarme pero no sorprenderme lo que dijo Felipe González a Pablo Motos. No es que González sea predecible sino que continúa siendo un estadista y por tanto mantuvo en la entrevista que él no daría el indulto a los presos del procés.

 
Viendo a González en El Hormiguero pensé que hay "ex" y "ex". El ex presidente tiene en su haber, entre otras cosas, la modernización de España y es uno de esos políticos que ha dejado huella por cuanto hizo. Su gestión tuvo más luces que sombras, por eso cuanto dice pesa e interesa .
 
Pero me trasladó al presente. Si me pongo a recordar a todos los dirigentes políticos que he ido conociendo a lo largo de mi actividad profesional como periodista, concluyo que la aparición y aparente desaparición de la escena política de Pablo Iglesias y Albert Rivera, es una más de las muchas a las que he asistido.
 
Sí, parecían tan importantes, tan determinantes que cualquiera hubiera creído que iban a estar ahí para siempre. Pero es lo que tiene la existencia humana, que es efímera, y el paso por la política lo es aún más. Pablo Iglesias y Albert Rivera llegaron pisando fuerte, se convirtieron en los políticos de moda, en los que iban a cambiar la manera de hacer y estar en política.
 
Claro que en la sociedad de la comunicación las modas pasan con rapidez y lo nuevo se convierte en viejo y cansino al poco de nacer. Ni Iglesias ni Rivera cambiaron nada sustancial, es decir la política española no mejoró, acaso se complicó, a su paso.
 
Antes de ellos nuestro sistema se había acomodado en lo que se denominaba bipartidismo imperfecto que dicho sea de paso sirvió de base para una cierta estabilidad que permitió un largo periodo de progreso en el que se fueron consolidando las libertades.
 
Podría decirse que durante unas cuantas décadas en este lado del mundo, Occidente, pese a los problemas los ciudadanos podíamos dormir relativamente tranquilos. No podíamos imaginar lo que se nos iba a venir encima con la crisis del 2008 que supuso una sacudida a los cimientos del sistema que había venido funcionando razonablemente bien en el mundo occidental desde que terminara la II Guerra Mundial.
 
La ineficaz gestión que los gobiernos llevaron a cabo durante la crisis del 2008 provocó que miles de personas perdieran no solo el empleo sino su futuro. Familias desahuciadas por no poder pagar las hipotecas, la clase media empobrecida, el paulatino desmantelamiento del Estado del bienestar, las exigencias insoportables de austeridad por parte de Alemania y de otros países de la Unión Europea, etc,etc,etc, provocaron fenómenos políticos como el del 15 M en España o los chalecos amarillos en Francia dando paso a una crisis de representatividad política.
 
Y en eso se catapultaron dos nuevos líderes, Pablo Iglesias y Albert Rivera, que fueron acogidos con regocijo imaginando que iban a ser capaces de provocar cambios que mejoraran la vida de los ciudadanos y resolvieran los problemas del país.
 
Sin duda a ellos les ha ido bien su paso por la política, solo hay que analizar cómo entraron y cómo han salido, pero no han contribuido a que nuestro país haya ido a mejor ni que la ampliación del sistema a más partidos haya beneficiado al conjunto de la sociedad. Es decir, no estamos mejor que estábamos antes de conocer a Iglesias y a Rivera. Quizá nos los podríamos haber ahorrado. Pero eso es fácil decirlo a toro pasado.
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