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DAVID LAVILLA
Lunes, 25 de Enero de 2021

Adiós, Larry King

Ha muerto Larry King. Y con él se nos va una gran parte del periodismo del late night. El espejo en el que se trataron de mirar Sardá, Buenafuente y Pepe Navarro ha dicho adiós después de haber entrevistado a cerca de cincuenta mil personas de relevancia mundial. Por supuesto, entre ellas no ha estado Pedro Sánchez. Pero es que tampoco creo que hubiera tenido mucho que aportar.


A Larry nunca le hubiera interesado Pedro, a no ser que el presidente de la pandemia en España hubiera proclamado su ansiada república aceitunera. Entonces Larry le hubiera ido a buscar donde hubiera sido necesario para que, por lo menos, hubiera regalado a su fiel audiencia alguna que otra carcajada.
 
El rey del género periodístico de la entrevista, que tantas risas -y algunos llantos- ha repartido entre sus fieles, nos ha dejado un sinfín de documentos para la posteridad con el objetivo de que podamos entretenernos, revisar nuestro pasado reciente y volver a disfrutar de un periodismo de verdad. El del rigor que dan los tirantes y las corbatas a lo Carrascal. Y es que, estampado en colores y envuelto en mangas de camisa, Larry ha narrado la historia en vivo y en directo. Una historia actual en la que, ciertamente, apenas ha interesado España. Al menos la del momento, porque ni tiene ahora glamour, ni tampoco hemos llegado a la suma zafiedad. Y esas dos cosas se le daban muy bien al bueno de Larry. Llegaba hasta lo más profundo del personaje. Y lo dejaba o muy arriba, o bien abajo. Donde él mismo se mereciera estar. Pero nunca lo dejaba en su mitad.
 
Lo mediocre nunca ha sido de interés para Larry, tampoco para la actualidad mundial. Y, en el caso de España, el aliciente que suscita, por ejemplo, nuestro líder Pedro a escala internacional es más bien escaso, por no decir nulo. No se merece estar en ningún lugar. Ni arriba. Ni abajo. Ni tan siquiera en su mitad. Mucho menos en la cresta de la ola, aunque vayamos ya por la tercera y él siga sin hacer nada. Todo para él es delegar. Y volver a delegar.
 
Pero ni haciendo toda la suma de los fiascos, mentiras y despropósitos del presidente de la vacunación masiva -que parece no llegar-, en poco más de un año, no le hubiera cautivado a Larry nunca. Ni tampoco creo que ahora les gustara mucho recibirlo en un plató, al calor de los focos, a sus fieles imitadores: Pepe Navarro, Buenafuente -si fuera Buenafuente-; o el propio Sardá, cuando llegó a ser Sardá. Porque Pedro es plano. Muy plano, pero no llega ni a ser medio. Ni americano. Ni tan siquiera general. Probablemente sí que podría estar, y muy al fondo, en un plano secuencia. Ya sabemos que Pedro da para lo que da.
 
No obstante, ese vacío que le hubiera hecho el rey del late night a Pedro no nos hubiera pillado a ninguno por sorpresa. Fundamentalmente porque no le hubiera dado para mucho nuestro presidente. Entretanto aquí en España no nos queda más remedio que tragar. Pero, pensándolo bien: ¿qué periodista -de los de verdad- le podría hacer hoy una buena entrevista de semblanza a un personaje tan fingido? Ninguno. A no ser que Moncloa creyera que el público clamase carnaza. Entonces la entrevista se transformaría en un polígrafo, aunque está claro que previamente lo tendrían que trucar.
 
Lo fingido. Lo falaz. Lo postizo, como Pedro, no creo que le haya gustado nunca mucho en su vida a Larry King, un hombre que no conocía límites. Un periodista veloz. Un profesional con un talento tan natural para hacer televisión que de haber nacido en una época sin rayos catódicos, seguro que hasta los hubiera inventado porque el plató era su espacio natural. 
 
Qué lástima da que nos vayan dejando este tipo de personas. Porque este perfil de comunicador se está extinguiendo. Y ya van quedando pocos como Larry. Solo quedan burdos imitadores. Sus parodias.
 
Con esa experiencia propia que da la vida para que un periodista sea periodista, y no un mero comparsa, quedan pocos. Ya en el 2015 también se nos fue otro grande, David Carr, un profesional como Larry hecho a sí mismo. Un trabajador incansable que vivió de su profesión sin que le regalaran absolutamente nada. Salió literalmente de la intemperie. De lo más sórdido y él solo, con valentía y siendo veraz, como Larry, cautivó al publico estadounidense, ávido de conocer mejor el contexto informativo, llegando con su gran coraje hasta a salvar de un buen apuro al New York Times, y de paso a la prensa en general.
 
Poco, muy poco, va quedando entonces de ese periodismo tan necesario que cuenta historias y actúa como contrapoder. Ese que debería informar, formar y entretener. Con sentido del honor. Y con el del humor como el que ponía Larry King en el momento justo, en el minuto apropiado. También con sarcasmo, con ironía. Con sutileza iba a dejando al entrevistado en su lugar. Ya podía llamarse Chavez, Putin, Clinton, Trump… Mick Jagger, McCartney, Madonna.... Todo el que se miraba en su espejo se reflejaba tal cual. 
 
Pero ahora todo ese tiempo, todo ese espacio, se está esfumando con Larry en este preciso momento. Y con él se va una gran parte de nuestra profesión, que se esfuma y se disipa con el humo que vomitan las fumarolas de las parrillas calientes, impregnadas de realities y de shows. Porque es así como mejor se esconden las pifias de este y de cualquier Gobierno. Nada de informar, mucho de formar -pero para manipular- y todo para entretener, y mantenernos distraídos de lo que realmente está ocurriendo. Acuérdense de que los trileros siempre ganan. Jamás pierden. Nunca. Ni en la cárcel.
 
Los que perdemos somos más bien nosotros porque se lleva muchas cosas Larry al otro lado. Y es una pena. No obstante, nos deja grandes lecciones periodísticas. Obviamente con sus aciertos y con sus errores. Pero se nos va un grande en un tiempo demasiado aciago y cuando más le podríamos necesitar. 
 
Lo mejor para Larry es que ya estará con sus hijos, Andie y Chiara, que hace escasos cinco meses se fueron antes que él. Un padre nunca debería perder a sus hijos. Así que encuéntralos pronto y recibe la paz que merece un excelso y sublime trabajador incansable de la información como tú, Larry. Te fuiste, además, -y yo no creo en la casualidad- en estos días que se ha celebrado la onomástica de nuestra profesión. Y tenía que ser así, Larry. Porque era de rigor. Gracias por el periodismo. Por la vida y por todo. Descansa. Y adiós, Larry King. Adiós.
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