La Tuitera Pimpampún
Más cabreada que una mona, una diputada monicaca con artritis ha sacado su pistola de señalar y ha disparado en Twitter un mensaje muy fogoso de fogueo: “Estaba apuntando a un partido condenado”. Todo ha sido en una intervención muy macabra, y sin analgesia. A la anestesista ya se le veía venir.
Se ha debido de quedar muy a gusto con este mensaje cañón. Hay políticos tan fuera de la ley, tan lejos del mundo real, que no se imaginan la poca gracia que tienen cuando se ponen a jugar a las películas de vaqueros en pleno hemiciclo.
De vez en cuando aparece ese típico perfil Liberty Valance, con licencia James Bond, y abusan de su inmunidad por estar en una estúpida lista de listillos. Pero inmunidad no es lo mismo que impunidad. Que se vaya preparando toda esta gente cuando a los jueces les dejen trabajar en paz.
Mira que han pasado años para hacerles ver que este juego del lejano suroeste es muy peligroso, y aún se respira ese rancio olor a pólvora cobarde trepando por el muro del Congreso de Madrid. Y es que estas monerías maniaco maniqueistas ya pasaban en tiempos de Indalecio, pero el pistolero no se fue mucho por las ramas. La diputada mona, sí.
El personaje, ya borrado del mapa de la capital, hace 86 años sacó de entre sus lorzas una pipa y no se anduvo con chiquitas a la hora de reconocer su gesto: "Es exacto que ha salido a la luz alguna pistola, por lo menos la mía”. Aunque luego es verdad que trató de camuflarlo: “He sacado la pistola después de haber visto frente a mí otra ya fuera del bolsillo". Es su manera de operar. Tiran la piedra y esconden la mano. Sacan el dedo, y disparan un tuit.
¿Pero qué es esto? ¿Necedad absoluta o soberbia suprema? ¿Ignorancia? ¿Vanidad máxima? ¿Estupidez? ¿Una enfermedad? ¿Todo a la vez?
Vaya teatrillo penoso. Aquí no solo apunta el apuntador. Los actores de medio pelo son los que más gatillazos dan a la audiencia con sus lecciones de moral. Y están todos tan unidos… (podemos decir). Son lo mejor de cada casa. Vaya pandilla. No les falta de nada. En la misma banda está el etarra y el agresor de policías. También está el cocainómano y el metanfetamínico. El abusador y el proxeneta. No falta tampoco la robaobras, ni el agresor de concejales. Ni la asaltadora de capillas... Parecen sacados todos de una película de la movida de los ochenta. Así que ríete tú del Vaquilla, del Torete, del Pera, del Corneta o del Kunfú. Ya solo nos faltaba en el reparto la chica del dedo rápido, la Tuitera Pimpampún.
Históricamente ha habido muchas mujeres pistoleras. Guerrilleras. Aguerridas. Sobre todo en el lejano oeste. Una de las más famosas fue Annie Oakley. Se ganó muy bien la vida en los circos. Fue amiga de Toro Sentado y de Búfalo Bill. Y dicen que solía decir: “Con un arma en la mano resplandezco como un cristal. Brillo como el sol de la mañana”.
Pero la Tuitera Pimpampún no tiene pinta de ser tan brillante. Por eso se lo tendrían que decir. Los dedos sirven para más cosas. No solo para apuntar, o disparar tuits.
Se ha debido de quedar muy a gusto con este mensaje cañón. Hay políticos tan fuera de la ley, tan lejos del mundo real, que no se imaginan la poca gracia que tienen cuando se ponen a jugar a las películas de vaqueros en pleno hemiciclo.






















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