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DAVID LAVILLA
Lunes, 12 de Octubre de 2020

Paciencia

Paciente es el que sufre. Viene del latín. Pero mi amigo Luis María me ha dicho justo en El Día de la Hispanidad que realmente el término ‘paciencia’ está compuesto de dos palabras: paz y ciencia. Primero le he dado la razón completamente convencido. Pero luego me lo he pensado mejor y lo he puesto en cuarentena: ninguno de los dos términos es aplicable en este contexto político. Al menos en la España de hoy.


Mientras parte del politiqueo se pelea por encerrarnos, apelando al mismo criterio científico de hace más de cincuenta años, también esa misma calaña pretende enfrentarnos para partirnos en dos otra vez, como antaño. Pero no se han dado cuenta todavía de que en España habíamos ganado una guerra los que la habíamos perdido, y habíamos perdido una guerra los que la habíamos ganado. Porque a partir del 78 no hubo ni vencedores ni vencidos. Es verdad que mucho habíamos perdido por el camino, pero finalmente terminamos ganando todos. 
 
España venía a ser como mi Atleti: palmamos una Copa de Europa, pero conquistamos la Intercontinental. Y fue además como una conjunción de astros, todo sucedió justo en el mismo año en el que murió el dictador. Pacientemente, y sin desesperación, esperaron nuestros padres y abuelos a que Jabo Irureta y El Ratón Ayala reventaran al enemigo, en El Manzanares, con el marcador en contra, para abrazarse todos en colores. Y comenzar a reconstruir una España helada, que yacía cubierta de un manto blanco repleto de copas sin nada. El mantel dominaba la mesa, pero faltaban las viandas. 
 
Bien sabían nuestros mayores, como se sabía en el Vicente Calderón, que la comida no se servía sola; que para servir la mesa había que trabajar. Trabajar, y saber esperar el momento como hacen también hoy los hombres del Cholo. Se pierde un poco, pero luego la victoria sabe mejor. El esfuerzo es lo que tiene, camaradas.
 
Pero ese espíritu de trabajo. Y esa unión, esa cohesión. Ese ímpetu de lucha contra la división. Esa fuerza que da el coraje y el corazón se lo pueden cargar de un plumazo. Segmentándonos. Fragmentándonos. Vendiéndonos una vez más a la ignorancia, y haciéndonos creer que todo se consigue sin nada. Pero debajo del iceberg hay mucho trabajo. Y si no, que se lo pregunten al Titanic.
 
Se suele decir que mientras los inteligentes deliberan (y trabajan), los necios deciden. Y aquí en España ha vuelto a pasar eso. Dos niños enrabietaos Dunning-Krugger, quieren mandarnos al matadero con una autosuficiencia colmada de mala leche. Y qué actitud tan cobarde se maneja en la ira, y qué osada también es la ignorancia. Qué necesaria es la paz, y qué útil es la ciencia. Sobre todo para mandarles a los dos a paseo. 
 
Pero no, este par de acomplejados no quieren ni lo uno ni lo otro. De la paz reniegan porque si la hay no consiguen votos. De la ciencia se desvían porque si no sanaríamos todos. Y una mente libre y despejada es el peor enemigo que un dictador pueda tener. Y si no que se lo pregunten al Caudillo, que con paz y ciencia, pacientemente, nos libramos de él. Justamente como se hizo campeón del mundo el Atleti de mi capitán Adelardo, sabiendo sufrir.
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