Martes, 20 de Enero de 2026

Actualizada Lunes, 19 de Enero de 2026 a las 22:13:22 horas

RAFAEL TORRES
Martes, 06 de Octubre de 2020

Juventud, divino tesoro

Todo parece sugerir que Josep Maria Mainat leyó hasta ahí el estremecedor poema de Rubén Darío y no siguió leyendo: "Te vas para no volver".


Las inyecciones que, según los Mossos, le fue administrando su mujer en la noche de autos eran chutes de insulina, y no de la poción mágica que devuelve la juventud y que el infortunado ex-humorista y productor consumía, al parecer, regularmente. Pero ese, el de la desesperada búsqueda de lo que no se ha de hallar, la juventud perdida, es solo uno de los muchos y disparatados ingredientes del folletín que ha distraído un poco a la gente del caos político, sanitario, social, laboral, judicial y económico que éstos días le acogota.
 
Este "caso Mainat" que durante el fin de semana generó más búsquedas en internet que el Covid, que Trump, que la guerra de Nagorno Karabaj o que la lucha de los trabajadores de Alcoa por su supervivencia y la de A Mariña de Lugo, contiene, en efecto, un sinfín de ingredientes, y por eso no es raro que haya concitado la atención de los no habituales a los sucesos truculentos o al pseudoperiodismo que amarillea cada día en la televisión. Ahí, en el presunto intento de asesinato de un señor mayor a manos de su joven esposa mediante una hipoglucemia inducida, se hallan juntas y revueltas, bien que en un escenario de extrema marginalidad pese al casoplón del decorado, muchas de las porciones que componen la desgracia.
 
Aparte de esa búsqueda del fementido elixir de la eterna juventud en tarro humano o farmacológico, que tanta frustración genera ("os vellos non deben de namorarse", escribió Castelao), pero que es la porción más comprensible y asimilable del caso, en éste hay de todo y confinado en una casa palacial que más parece la de Tócame Roque: codicia, desamor, psicopatías, chico para todo, novia rusa del chico para todo, familia del chico para todo, cámaras de vigilancia que vigilan en vano, traición, venenos, soledad, y una nube de cámaras para ver quién sale o no sale del inmueble donde todo lo anterior se cocinó durante meses y donde dos niños chicos tuvieron que comerse el infecto guiso.
 
El señor Mainat tenía o tiene, según se dice, la obsesión de conservarse joven, pero es que no había leído el segundo verso del poema de Darío. Quién sabe si hubiera podido evitarse disgustos, y un coma hipoglucémico, de haberlo leído en su día.
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.56

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.