Se hablaba de transferencias, de dinero, de infraestructuras, pero nunca jamás, ninguno de ellos, negoció sobre y a costa de la jefatura del Estado. Ha tenido que llegar Pedro Sánchez para cruzar una línea que hasta hace apenas cuarenta y ocho horas ninguno de sus antecesores había osado cruzar.
El actual Presidente del Gobierno la ha cruzado. No lo ha hecho para evitar un posible contagio del Rey y, ni mucho menos, por razones de seguridad, porque si así fuera tendríamos que concluir que nuestras Fuerzas de Seguridad no están capacitadas para preservar la integridad física del Jefe del Estado, y todos sabemos que eso no es cierto.
La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, ha dicho que es una decisión bien tomada que el Rey no asista a la entrega de diplomas de los nuevos jueces. Apuntaló esta declaración asegurando que la decisión la había tomado que la debía tomar; es decir el Presidente del Gobierno. Pero no lo dijo.
La entrega de diplomas a los nuevos jueces que impartirán justicia precisamente en nombre del Rey es un acto lleno de simbolismo y de solemnidad, y una democracia que se precie necesita de su liturgia, de símbolos y de solemnidad, salvo que se quiera una democracia cutre que es a lo que algunos, en el fondo, aspiran. Solo el Presidente del Gobierno, ese a quien nadie del Ejecutivo se atreve a citar, es el responsable de este desmán, de este precedente difícil de calificar.
¿Por qué esta prohibición al Rey? Pues porque se trata de Cataluña, porque hay que hacer guiños a ERC, porque hay que cuidar las pieles sensibles de quienes, sin pudor alguno, ponen en jaque al Estado y a su integridad territorial. Si el acto se hubiera organizado en Sevilla o en Toledo no se hubiera traspasado una línea siempre protegida por todos los gobiernos que en España han sido.
En paralelo se ha generado debate sobre los indultos y la Oposición ha caído en ello cuando el tema serio es la modificación del Código Penal, en lo que se refiere a los delitos de sedición y rebelión. El Gobierno se va a dar prisa en sacarlo adelante y las ventajas penitenciarias para los políticos catalanes presos llegarán mucho antes de que se resuelvan los indultos. Todo forma parte de una estrategia discutible y opinable pero nunca jamás debería formar parte de la misma la figura misma del Jefe del Estado. El Rey no es un cromo que pueda formar parte de un intercambio de apoyos, tácticas y estrategias.
Solo Sánchez se ha atrevido a dar un paso que es percibido por muchísimos ciudadanos como una humillación al Jefe del Estado. Sin embargo todos debemos tener la certeza de que Felipe VI quería acudir y que hubiera acudido, aún a sabiendas de que por muchos no iba a ser bien recibido. El Rey ha tenido que acatar la orden, el veto del Presidente del Gobierno porque así lo establece la Constitución.
Cabe esperar que este Gobierno del diálogo y la transparencia dé explicaciones sobre un hecho sin precedentes en la democracia española. Sugiero que esperen sentados.
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