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DAVID LAVILLA
Lunes, 14 de Septiembre de 2020

Un mono con dos pistolas

La investigación va como un tiro. Mejor: funciona como un tiro. Puedes darle a un mono dos pistolas en plena Gran Vía y, en cuanto ves que empieza a matar transeúntes durante un tiempo, puedes establecer una ley: “Si le das a un mono dos pistolas mata a mucha gente”. Luego, como quieres aprender más sobre este hecho empírico, comprobado, evidenciado y constatado, continúas con tu investigación. Y entonces le das solo un arma.


Pero como ves que siguen cayendo viandantes, aunque menos que antes, puedes aseverar: “Si le das a un simio una pistola, sobreviven más personas”. Y entonces, para seguir constatando que vas por buen camino, entras en un zoológico, repartes un revolver por mono... ¡y te aplauden hasta las cebras!
 
⁃ “¡Gracias, señor, solo le diste un arma!”, parlotean los loros.
⁃ ¡Vamos bien!, se oye decir a una comisión de expertos.
 
Pues así sobreviene la ley máxima: alguien se equivoca y se convierte en una gloriosa oportunidad de aprendizaje. Ese es el típico “trial and error”. "Ensayo y error" de toda la vida. Que no es más que una técnica empírica basada en la observación de los fallos sobre los intentos previos.
 
¡Vale! Lo acepto. La ciencia ha generado conocimiento así. Y esto puede ser un esperpento. Pero ahora hay otras realidades. Y han surgido nuevas herramientas. Además, una cosa es que observes y que intervengas en el estudio con nuevas hipótesis, y otra que no seas capaz de aplicar un razonamiento básico previo al estudio.
 
La ciencia y sus métodos no avanzan todo lo que deberían. Avanza mucho más rápido la tecnología, que va muy por delate de la sociedad, del derecho y hasta del propio investigador. Buena muestra de ello es el sistema de publicaciones científicas al que está sujeto el pobre científico, que debe de pagar cientos de euros por PayPal a la revista de turno para poder escribir y tener impacto. La pasarela tecnológica de pago funciona perfectamente; los comités de expertos científicos, no tanto. Con todo esto, es muy normal que se vaya siempre a lo mismo y que surja entonces la eterna duda empírica: “¿Quién fue primero: el euro o la mercancía?”.
 
Pero eso tampoco se dice. Y está muy feo mencionarlo por mi parte. Además, daría para un periódico entero. Pero sí que puede ser un condicionante. Porque con todo este entramado industrial, diseñado solo para hacer caja, luego es muy normal que sucedan cosas. Cosas como las que nos están ocurriendo ahora. Discrepancias tan atroces como:
 
No es muy aconsejable que se realicen reuniones de más de diez personas, pero los bares están llenos. Los niños no pueden estar juntos en el patio, pero se pueden sentar todos en los bancos de los parques. Hay que hacer deporte con mascarilla, pero los futbolistas se abrazan como si no hubiera un mañana. Tu hijo debe estar en cuarentena, porque hay un positivo en su centro escolar, y tú puedes quedarte en casa, pero de momento no tienes derecho a baja laboral, solo -si tienes mucha suerte- a un cuidador que puede llegar a casa con bicho incorporado. Puedes descargarte la App para detectar el Covid19, pero la inmensa mayoría de los ancianos, que es la población más vulnerable, no tienen ni saben usar un smartphone.
 
Todo esto es mejor tomárselo a risa. Así que yo me imagino que todas estas decisiones empíricas las deben de tomar monos. Y mono, como diría Forrest Gump, es el que hace monerías. Monerías como la de jugar a ver quién llega más alto, y más rápido, a las copas (de los árboles). Eso sí, hay una premisa básica: “cuanto más alto trepa el mono, mejor se le ve el culo”. Pero “corre, Forrest, corre!”, porque lo malo no es que suba el mono a lo más alto. Lo malo es que lleve el mono dos pistolas.
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