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Martes, 9 de enero de 2018

El amigo turco

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La Unión Europea es un gran invento que debemos de preservar. Es un espacio de derechos y libertades, con sus defectos, si, pero son más sus virtudes. De manera que cualquier país no puede formar parte de la Unión porque es imprescindible que el quiera formar parte sea una democracia, es decir, no haya dudas en cuanto al respeto a las libertades.

Por eso me temo que el "amigo turco" no va a dejar sin respuesta la decisión de la Unión Europea, manifestada a través de Emmanuel Macrón, ofreciendo a este país un acuerdo de "cooperación y asociación" pero no de adhesión.

 

Vaya por delante que en mi opinión es un acierto que de una vez por todas desde la Unión Europea se haya dicho la verdad, es decir se hayan rebajado las expectativas de Turquía para convertirse en un nuevo miembro de la Unión Europea. Turquía no cumple con los mínimos requisitos para formar parte de la UE ya que en este país no se respetan los más elementales derechos humanos.

 

Y es que el presidente Erdogan, en su día tan alabado y mimado por los países occidentales empezando por el nuestro (Zapatero fue uno de sus valedores), aunque gane las elecciones en las urnas no se comporta como se entiende que se deben de comportar los políticos democráticos.

 

En Turquía se persigue y encarcela a los disidentes, los medios de comunicación sufren un acoso insoportable por parte del Gobierno, hay miles de presos políticos, y el partido de Erdogan ha llevado a cabo un viraje de convertir la Turquía laica en un país confesional. Para muestras un último "botón" el de La Diyanet (Ministerio de la Religión) que considera que las niñas entran en edad núbil a los 9 años. Que los responsables de La Diyanet hayan intentado justificar su apreciación en la "biología" es un intento burdo, torticero y repugnante.

 

No obstante el presidente Macron ha sido generoso con el "amigo turco" proponiendo que Turquía pueda firmar un acuerdo de "asociación y cooperación" lo que ha molestado sobremanera al presidente Erdogan de ahí que quepa esperar, como decía al principio, alguna respuesta. Puede que Erdogan decida hacer la vista gorda con las mafias de su país que obtienen pingües beneficios aprovechándose de la desesperación de los refugiados sirios que quieren llegar a Europa. Cualquiera sabe. En cualquier caso Tayyip Erdogan es de los que devuelven la tarjeta de visita.

 

El caso es que de la Turquía de Kemal Atatürk no queda prácticamente nada salvo los intentos desesperados de la oposición por intentar impedir que se trunque definitivamente el sueño de tener un país moderno a la manera de los europeos. Hoy por hoy, a través de Erdogan el "amigo turco" ha puesto una distancia casi insalvable para entrar a formar parte del club europeo. Pero mejor que se digan las cosas claras, como le ha tocado hacer a Macron, que seguir alimentando falsas esperanzas.

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