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Sábado, 6 de enero de 2018

Luces largas

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En Cataluña está en juego la estabilidad política de España. Los resultados del 21-D, aunque alumbraron alguna novedades interesantes -la más significativa el triunfo de Ciudadanos-, no ofrecieron la solución al conflicto que enfrenta a la sociedad catalana tajándola en dos mitades sin aparente posibilidad de conciliación.

Todos los puentes entre separatistas y constitucionalistas están rotos. Ciudadanos, por sí solos, ni contando con los votos del PSC y el PP conseguirían apoyo parlamentario suficiente para formar gobierno. La mayoría está en 68 diputados.

 

Los separatistas (la lista de Puigdemont y ERC) podrían conseguirlo si se les sumara la CUP, pero para contar con ellos los antisistema exigen la vuelta de la burra al trigo resucitando la ficción de la república catalana. Una exigencia que de ser aceptada, entre otras consecuencias, reactivaría el Artículo 155 y determinaría que Oriol Junqueras (líder de ERC) siguiera por mucho tiempo en Estremera.

 

Por no hablar del desánimo de la sociedad ante la predecible pérdida de músculo de la economía catalana como consecuencia del traslado de sedes de más empresas.

 

Ante semejante panorama, como salida al laberinto, se escuchan voces que plantean la repetición de las elecciones. Es una posibilidad. Pero sería la evidencia de la incapacidad de los actuales dirigentes políticos para elevarse por encima de los intereses de sus respectivos partidos. Pendiente como está la reconciliación entre los dos sectores en los que está dividida la sociedad catalana, los políticos operan con luces cortas cuando lo razonable sería encender las luces largas.

 

Pensar en el futuro, recuperar los afectos, desactivar el odio inoculado por los discursos excluyentes. Repetir los comicios no cambiará nada. Sí a la postre se llega a esa fase, lo que habría que plantearse seriamente es prescindir de algunos de los actuales dirigentes políticos porque su ceguera y egocentrismo nos llevará otra vez al borde del abismo.

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