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Domingo, 24 de diciembre de 2017

Los constitucionalistas deben ser un muro sólido en Cataluña

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Es inevitable que los resultados del 21-D provoquen sensación de déjà vu. Pero lo cierto es que las cosas hoy son bien distintas a como estaban antes de las elecciones.

No sólo por lo importante que es que Ciudadanos, una fuerza que hace del respeto a la Constitución su bandera, sea el primer partido de Cataluña. Sino, sobre todo, porque los independentistas saben que no pueden usar la mayoría absoluta de sus escaños del mismo modo sedicioso en que lo han venido haciendo. Ésa es la gran fortaleza y la oportunidad del Estado de derecho.

 

Pero exige antes que nada unidad sin fisuras de los tres grandes partidos nacionales comprometidos con el ordenamiento constitucional -por desgracia, no cabe pensar en Podemos para que actúe con tal responsabilidad-. Pues bien, como hoy publicamos, esa premisa se da, ante lo que cabe felicitarse. El PSOE -incluido el PSC- y Cs no han variado un ápice su posición y mantienen su total respaldo al Gobierno del PP para que se reactive de forma inmediata el artículo 155 en caso de que el próximo Govern diera pasos en la misma dirección golpista que el destituido gabinete de Puigdemont.

 

La noticia invita a cierto optimismo y despeja los temores de que los socialistas hubieran hecho una lectura desquiciante de su pobre resultado, muy por debajo de las expectativas alimentadas por las encuestas. El sector del socialismo que siempre echa la culpa de todo al PP podía tener la tentación de justificar su orillamiento en Cataluña por el respaldo al Gobierno en un asunto tan delicado como éste, cuando la realidad es que el 21-D ha vuelto a confirmar que son los complejos del PSC para defender la unidad de España y sus apuestas por terceras vías que nadie entiende las que han llevado a sus otrora simpatizantes a abrazar con ilusión el proyecto de Ciudadanos.

 

En todo caso, bien está que Sánchez e Iceta marquen una línea clara de continuidad en la estrategia de Estado ante el desafío independentista. La cohesión del bloque constitucionalista, más allá de las lógicas diferencias tácticas e ideológicas, permite contrarrestar en parte el mazazo que ha supuesto que el independentismo haya revalidado la mayoría absoluta.

 

Porque, como decimos, constriñe su margen de acción al campo de la estricta legalidad. Y ello hace aflorar las grietas que hay en el bloque secesionista, empezando por el hecho de que la CUP se reafirma en que sólo apoyará a un Govern que persista en la vía unilateral. Parece imposible que Inés Arrimadas, pese a su gran triunfo, pueda ser investida presidenta. Pero tampoco lo tienen fácil los independentistas. No sólo porque los electos en prisión o huidos debieran dejar paso a otros. Sino porque una escocida ERC sigue exigiendo valentía a Puigdemont para que regrese a España, y éste ayer mismo estudiaba quedarse en Bruselas, lejos del banquillo que le aguarda. Al menos ahora todos tienen muy presente que saltarse la ley no sale gratis.

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