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Miércoles, 6 de diciembre de 2017

Manuel Marín

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Era serio, riguroso y estoico y dedicó su vida a la política en un país en el que la seriedad y el rigor apenas se despachan en la burbuja en la que viven los políticos. De Manuel Marín y su obra quedará en la memoria la tenacidad con la que luchó para que España encontrara asiento en el gran expreso democrático que es la Unión Europea. Su firma como vicepresidente de la Comisión, impulsó el proyecto Erasmus hasta convertirlo de aventura en edificio. Miles de estudiantes le deben haber salido a conocer mundo y países intercambiando experiencias de estudios, amistad y diversidad.

En España, tras los duros días de la guerra de Iraq y los atentados del 11M con el vuelco electoral que dejó al PP de Aznar en la oposición, el inopinado triunfo de Zapatero depositó a Manuel Marín en la Presidencia de las Cortes. Por su sentido de la mesura y el equilibrio, su cultura y su alejamiento del fanatismo partidista sin duda era un político idóneo para ocupar el sillón de la tercera autoridad del Estado en la línea de sobriedad y seriedad de algunos de los que le habían precedido como Landelino Lavilla o Félix Pons.

 

Pero todas esas cualidades se estrellaban contra la política navajera del momento. Eran los días de los primeros compases de las aproximaciones de Zapatero para pactar con la ETA. Cuando en su condición de portavoz de la oposición Mariano Rajoy acusó a Zapatero de "haber traicionado a los muertos".

 

Marín quiso cambiar el reglamento del Congreso para elevar el nivel y la seriedad del debate político, pero propios y ajenos se lo impidieron. El descenso al barro se impuso a la dialéctica de cuando sus señorías gustaban de citar a los clásicos. Marín se enfrentó con su partido porque Zapatero debió hacer novillos el día en el que en la clase de Derecho tocaba Montesquieu. No sólo Zapatero, algunos más de los que ahora tuitean encomiando su figura le amargaron la Presidencia y acabó renunciando. Voltaire creía que la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Marín era tan buena persona que estoy seguro que les disculparía. Descanse en paz.

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