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Martes, 5 de diciembre de 2017

Cuarenta años

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El miércoles se cumplirá el trigésimo noveno aniversario de la aprobación por el pueblo español, en referéndum, de la Constitución. Dicho de otra manera, se iniciará a partir de ese día el camino que conducirá a un aniversario redondo el 6 de diciembre de 2018: cuarenta años de nuestra Carta Magna.

Los avatares políticos han querido que el inicio de ese cuarenta aniversario coincida con el momento más delicado de nuestra historia reciente, por mor del desafío secesionista de Cataluña llevado a cabo por los partidos independentistas de aquella Comunidad y que tuvo su punto álgido el pasado 27 de octubre cuando el Parlamento aprobó una declaración que designaba a Cataluña como una República Independiente. Lo que vino a continuación es de sobra conocido: la aplicación por parte del Gobierno de la Nación del artículo 155 de la Constitución y la convocatoria por parte de Rajoy de unas elecciones autonómicas que tendrán lugar el próximo día 21, que se presentan decisivas para el futuro de Cataluña y que influirán de alguna manera en la situación política general.

 

Mucho se ha hablado en los últimos meses y se seguirá hablando de la necesidad de una reforma constitucional. Algunos lo hacen en el contexto de ese desafío secesionista: hay que buscar un encaje de Cataluña en España dicen los promotores de esa reforma, como si esos treinta y nueve años transcurridos desde la aprobación de la Constitución no hubieran servido para el encaje de esa Comunidad Autónoma en el entramado institucional. Grave error sería plantearse una reforma constitucional para contentar a los nacionalistas -sean estos catalanes, vascos, gallegos o de cualquier otra Comunidad-, entre otros motivos, porque estos nunca se darían por satisfechos y siempre pedirían más, hasta conseguir su objetivo final que no es otro que la independencia de su territorio del resto de España.

 

Que las Constituciones no son intocables es una obviedad. Que pueden ser reformadas en algunos puntos, puede ser recomendable. Pero en el caso de nuestra Carta Magna, hay que tener muy claro para qué se quiere reformar, y en caso de llevar a cabo esas reformas, sería muy conveniente hacerlo, al menos, con el mismo nivel de consenso y de acuerdo que se consiguió hace treinta y nueve años. Mientras ese camino se empieza a recorrer, no estaría de más que se reconociera por parte de todos el gran logro que supuso la Constitución de 1978 y los grandes frutos que esta ha dado en estas cuatro décadas a la convivencia, al progreso y a la libertad de todos los españoles.

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