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Redacción
Domingo, 26 de noviembre de 2017
Vocación de universalidad, agradecimiento y deseo continuidad , resumen la propuesta madrileña

La Feria del Libro de Guadalajara abre sus puertas, con Madrid como ciudad invitada

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Una de las mejores fotos fijas de la trascendencia de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara la dan las colas de ciudadanos de a pie, lectores anónimos que han guardado fila mucho antes de la inauguración a la espera de hacer su particular inmersión en el universo de los libros. Son la verdadera justificación de la necesidad de este encuentro que en esta edición ha reunido a más de 700 escritores, procedentes de 41 países, más de 400.000 títulos y propone cerca de 2.000 actividades, un “festín de la cultura”, como lo ha definido el presidente de la Feria, Raúl Padilla.

[Img #66316]Este año además con el protagonismo especial de Madrid, ciudad invitada que ha llegado a la Feria con una voluntad clara, como ha subrayado la alcaldesa Manuela Carmena durante la inauguración: “No hemos apostado solo por traer, sino también por dejar, por establecer contactos, por mantener una comunicación permanente”. Y también por devolver, por saldar de alguna forma una deuda de agradecimiento con México y sus habitantes por el papel trascendental que jugó este país en la vida de los españoles tras la Guerra Civil. “Mi generación –recordó Carmena- los que nacimos en el franquismo nos formamos con libros editados en gran parte en México y Argentina, que teníamos que buscar en las reboticas de las librerías donde estaban escondidos. Gracias por todo aquello que nos aportaron y por permitir devolverlo hoy amando a este país”. La próxima primavera en Madrid abrirá sus puertas la Casa de México, una “deuda pendiente” que Madrid tenía con el pueblo mexicano. El rector de la Universidad de Guadalajara, Tonatiuh Bravo, insistió en esos lazos comunes, más cuando se cumple el 40 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países: “Madrid es una visita luminosa para escuchar el valor de su palabra”.
 
La alcaldesa madrileña no ha podido ocultar su emoción tanto por lo que la FIL significa para Madrid como por lo que los libros suponen para la vida de las personas: “Me emociona constatar hasta qué punto nos pueden cambiar la vida. Sin los libros no podríamos vivir”.
 
Vocación de universalidad
 
Madrid ha protagonizado las intervenciones de todos los participantes de la inauguración con alusiones continuas a la riqueza cultural de una ciudad que, en palabras de Raúl Padilla, “es la capital de la cultura iberoamericana. Es la vanguardia del mundo del libro y está a la cabeza en la edición y lectura de libros. La FIL no se puede entender sin Madrid ni España en su conjunto”.
 
 “Madrid, ¡qué bien suena tu nombre, rompeolas de  todas las Españas!”, el verso de Machado le ha servido a la alcaldesa para reivindicar la vocación de universalidad de la capital, “que no se queda en las Españas ubicadas en la piel de toro, sino en estas Españas en las que todos compartimos un idioma y la dicha de amar a los otros idiomas que conviven con nosotros”. Un papel en el que incidió también Padilla al destacar la vocación iberoamericana de Madrid, una ciudad cuya presencia en la feria supone “un aliento de esperanza a los que creemos en la libertad de la  cultura y la capacidad de la letra para hermanar a los pueblos”.
 
Carmena  hizo un repaso al programa que ha diseñado  Madrid para los diez días que dura la feria y que tiene un denominador común: mostrar no solo a las figuras consagradas, sino también a las emergentes.  “Hemos traído a tres generaciones de escritores que creíamos necesario que estuvieran. No solo grandes nombres, sino también los menos conocidos”.  Lo mismo ocurre con las editoriales. Están las grandes pero también las pequeñas “que están teniendo un papel trascendente en la innovación”. Un afán innovador que impregna el programa madrileño con propuestas como el “boxeo” entre dramaturgos mexicanos y españoles, los espectáculos de nuevas formas de poesía o la intervención de Boa Mistura, inaugurada ayer, con el deseo de rehabilitar, a través del arte participativo, zonas de la ciudad más deterioradas.
 
El ágora de Madrid
 
Tras la inauguración de la Feria, Carmena ha cortado la cinta que “abría” el Pabellón de Madrid”, un cilindro blanco por dentro, negro por fuera, de 21 metros de diámetro, y el techo de luz, firmado por el arquitecto Alberto Campo Baeza.  Instalado a la entrada de la FIL, trata de rememorar la idea del ágora griega, del espacio  compartido, de la cultura participativa. En él se desarrollará el programa literario, profesional y académico de Madrid.  En las estanterías que circundan todo el interior del cilindro, una muestra de libros que los visitantes pueden leer.
 
Sus paredes muestran todo lo que ha sido la actividad cultural de la ciudad en las últimas décadas desde la visión de uno de los artistas más singulares, el pintor y dibujante Andrés Rábago,  cuya obra se muestra en la exposición El Roto/Rábago.

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