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Martes, 14 de noviembre de 2017

La caída de Podemos

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La posición que ha mantenido el partido de Pablo Iglesias en torno al proceso secesionista de Cataluña parece ser la causa más clara del hundimiento electoral que le pronostican las encuestas.

La última, de la empresa Metroscopia publicada el lunes en El País, le da a la formación morada un 14,7% en intención de voto, muy por detrás del PP (26,1%) y del PSOE y Ciudadanos, a los que la citada encuesta les atribuye un 22,7% a cada uno. Si esta previsión fuera cierta, Podemos se habría dejado en el camino, desde las últimas elecciones generales celebradas en junio del pasado año, casi cinco puntos y medio porcentuales, lo cual es mucho para el poco tiempo transcurrido.

 

Podemos, que nació al albur del movimiento del 15-M, en plena crisis económica, vivió su explosión electoral en las europeas de 2014, algo que luego fue ratificado en las municipales de un año después, donde consiguió hacerse con importantes alcaldías (Madrid, Barcelona, Zaragoza, La Coruña, Santiago, Cádiz) o ser decisivos para conformar gobiernos de izquierdas en diferentes Comunidades Autónomas, dando su apoyo al PSOE. Luego vinieron las elecciones generales de diciembre de 2015 y ahí a Pablo Iglesias le cegó su ambición política negándose a apoyar la investidura de Pedro Sánchez, lo que desembocó en unas nuevas elecciones, en junio de 2016, y en la posterior investidura de Rajoy, con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de los socialistas. Una moción de censura presentada por Iglesias a Rajoy en junio de este año sólo sirvió para escenificar la soledad parlamentaria en la que había quedado la formación podemita.

 

En este último año, el declive y el deterioro de Podemos se ha ido produciendo de forma lenta pero constante. Primero fue la pugna interna entre Iglesias y Errejón, ganada por el primero, pero que dejó una clara fractura interna con repercusiones en organizaciones territoriales. Y luego llegó la fase final del proceso secesionista en Cataluña, con la convocatoria del referéndum ilegal del pasado 1-O y la consiguiente reacción del Gobierno aplicando el artículo 155 de la Constitución. Ante ambos hechos, la postura de Podemos ha sido percibida por sus votantes, y con razón, como más cercana a las posturas de los partidos independentistas que a la defensa del Estado de Derecho y de la integridad de la Nación española, y eso le está pasando factura, de momento en las encuestas.

 

El futuro de Podemos está por ver. Pero en la medida en que no rectifiquen y tengan -como pidió hace unos días una de las fundadoras del partido, Carolina Bescansa, un proyecto nacional- y en la medida que el PSOE vaya recuperando su discurso y su posicionamiento como partido de centro-izquierda, ese futuro será más bien negro.

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