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Martes, 7 de noviembre de 2017

El farsante

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Todo exceso acaba volviéndose contra quienes lo promueven. Sería el caso del discurso victimista que despachan con regularidad los líderes de los partidos secesionistas catalanes. Ahora la proclama que les ocupa consiste en denunciar, desde Bruselas o desde Barcelona, que España no es un país democrático.

Carles Puigdemont, prófugo de la justicia y con una orden de busca y captura a sus espaldas, pretende dar lecciones de democracia a través de los videos que remite a TV3 presentándose como presidente mártir de la Generalidad en el exilio.

 

Quienes secundan su funambulismo político postulan a Puigdemont para encabezar una lista única a las elecciones del 21 de Diciembre. La idea no despierta entusiasmo en ERC, el partido al que todas las encuestas dan como vencedor en los comicios. Los republicanos tienen su propia agenda y es más que probable que su candidato sea Oriol Junqueras, a la sazón preso preventivo en la cárcel de Estremera acusado de los mismos graves delitos que se le imputan a Puigdemont y al resto de ex consejeros del disuelto "Govern" de Cataluña.

 

Más allá del fetiche de la "lista de país" que así han bautizado la pretendida reedición de Junts x Sí, desde la dirección de la reconvertida Convergencia lo que pretenden es salvar los escasos muebles que todavía no han perdido en este naufragio. No hace tanto tiempo que con Artur Mas a la cabeza eran el partido más votado en Cataluña. Después, en la maniobra que les llevó a apostar por el secesionismo, en parte para crear una cortina de humo que ocultara la investigación de la corrupción (el famoso 3% en comisiones), han perdido hasta el nombre del partido.

 

El caso plantea una cuestión de fondo que se resume en una pregunta: ¿cómo puede ser que a estas alturas del siglo XXI todavía haya ciudadanos que se dejen embaucar por aventureros de la política? En estos tiempos en los que la información es transversal, ¿qué razón hay para que gentes de buena fe sigan a estos personajes que se envuelven en la bandera de Cataluña para desviar la atención de la opinión pública y no responder de sus tropelías?

 

El fanatismo que en ocasiones aparejan las opciones políticas radicales podría explicar la voluntaria ceguera de muchos ciudadanos ante la impostura que está desplegando Carles Puigdemont, pero que algunos dirigentes políticos de otros partidos españoles que dicen no ser independentistas sigan defendiendo a semejante farsante es para tomar nota. Tomar nota para recordarlo antes de votar en las próximas elecciones generales.

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