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Sábado, 7 de octubre de 2017

El moderno golpe de Estado de Puigdemont se cae del caballo

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El todavía president de la Generalitat de Cataluña, Carlos Puigdemont, se inventó un golpe de Estado moderno, con apps, redes sociales y propaganda pagada con dinero público, mentiras internacionales, votos universales, referéndum ilegal, coacciones y provocaciones sin sonrisas a policías y guardias civiles desde antes del 1-O, acoso a escolares, imposición lingüística en vez de cooficialidad, pitos al himno nacional, siempre todo bajo el amparo de una libertina y retorcida libertad de expresión, o sea un revoltijo sedicioso comandado por un ejecutiu (Ejecutivo) con 27 apellidos catalanes (viva la pluralidad en una región donde los apellidos más comunes son: García, Martínez y López). Y sin olvidar el desdén al Estado español, salvo para la pela, o sea para recibir el dinero del FLA, más de 50.000 millones de euros. Reniegan de lo hispano menos cuando se trata de pasta.

Y aquí estamos. El mismo golpe inconstitucional se está desactivando miren por dónde por el dinero que se va a chorros, además de por el Estado de Derecho y, sobre todo, por las acciones de respuesta de la sociedad civil que, tras años y años silenciada, parece despertar poco a poco del letargo, de la anestesia litúrgica con la que los secesionistas han estado inmovilizando a millones de catalanes de bien.

 

El señor Puigdemont es un presunto golpista aún porque no ha dictado las palabras mágicas: "Queda declarada la República Independiente de Cataluña". Si finalmente se atreve a cometer tal fechoría, con el apoyo únicamente de un referéndum ilegal y disparatado, con el auxilio de partidos políticos antisistema y de extrema izquierda y con el respaldo de menos del cincuenta por ciento de los votos de los 5,3 millones de potenciales votantes, sobre una comunidad que tiene unos 7,5 de millones de habitantes, pues, qué quieren, a dónde va con esas alforjas. Sólo hay un sitio para tal desmán, habiendo causado el daño que ha causado, la fractura social, el execrable acoso a los no independentistas con multitud de fórmulas vestidas de supuesta democracia, el adoctrinamiento y la imposición de una ideología supremacista, el aliento de la xenofobia contra lo español y, finalmente, la violación de la ley, saltándose la Carta Magna, las sentencias del Tribunal Constitucional y la utilización de la población como escudo humano para evitar que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado pudieran cumplir con el mandato "judicial", y la petición de ayuda hecha por los Mossos (según dijo el ministro del Interior), de que fueran desmontadas las urnas puestas el 1 de octubre de 2017 para votar sí, pero violando la soberanía nacional de manera unilateral y descarada. 

 

No son pocos los que están reclamando que se detenga ya al actual president por liderar este golpe institucional que ha dañado muy gravemente, primero a Cataluña, segundo al resto de España, tercero al Estado de Derecho, cuarto, a la población, en todas sus capas sociales, y quinto, al propio cuerpo de los Mossos, que están también divididos por haber sido dirigidos política y veladamente para no intervenir o mirar hacia otro lado.

 

Las fichas del dominó golpista siguen cayendo y cuando paren habrá que hacer balance de todos los destrozos causados, desde luego mayores que los provocados por cualquiera de los políticos corruptos que están en la cárcel; ha hecho más daño que los tejemanejes de los Pujol, más daño que las mordidas del tres por ciento.

 

Podríamos hacer comparaciones incluso en lo que a efectos dañinos se refiere con la desestabilización que causó Tejero, el teniente coronel de la Guardia Civil que cumplió 30 años de prisión por el golpe de Estado del 23-F. Los políticos veteranos de este país han salido en tromba a condenar los hechos actuales de Cataluña porque desde 1981 España no se encontraba en una tesitura tan grave. Que algunos de los nuevos políticos que medran actualmente por el Parlamento, nacidos tras la Dictadura de Franco, tilden de régimen del 78 a nuestra Democracia o que llamen franquistas a los antidisturbios es pasarse bastante. Que políticos nacidos en los 80 quieran dar lecciones incluso a los políticos históricos del PSOE es mucha prepotencia y, sobre todo, ignorancia de lo que el país se está jugando, sin olvidar el enorme esfuerzo que supuso traer la democracia a España.

 

[Img #64515]Pero, este terremoto separatista atizado por un grupo de dirigentes igualmente mediocres ha provocado las primeras reacciones. El mayor freno al órdago lanzado parte de la economía, como no podía ser de otra manera. Dijo en uno de sus muchos mitines mentirosos el expresident Artur Mas: "Calma, los bancos no se irán". Hechos ahora consumados. La fuga de empresas de Cataluña ha estallado. Por cierto, si Artur Mas, ahora inhabilitado, se enfrenta a un embargo de 5 millones por los gastos del 9-N, el señor Puigdemont se puede ir atando los machos ante los graves problemas que ya ha desencadenado. Y eso sin haber lanzado aún el último manifiesto que le queda, el de proclamar una República independiente de Cataluña que nacería completamente desnuda, sin dinero, sin estructuras, sin medios jurídicos legales, fruto de un golpe de Estado moderno. Y modernamente se va a caer del caballo. Y si no lo hace él, lo van a descabalgar.

 

El proceso inventado por los separatistas catalanes entra en barrena. Si hace caso a los anticapitalistas de la CUP se irá por el camino de ellos, que consiste en volver a la tribu, en eliminar los bancos y la economía real para entrar en el Estado de la anarquía. Su proyecto está consiguiendo lo contrario del efecto deseado, pues Cataluña ya se está viendo afectada no sólo por la huida de grandes empresas. Llegan noticias de cancelación de negocios de pequeñas empresas, hasta desde Portugal, afectación de comercios y pymes, listas de productos catalanes que se han elaborado y que circulan libremente por internet como las app de Puigdemont, retiradas de dinero, caída de la asistencia al teatro y espectáculos, del turismo, el Barça pensando en jugar más partidos a puerta cerrada, etc. Vamos todo un despropósito que tiene culpables en su origen y nombres en el Govern catalán, integrado por Puigdemont, Junqueras, Turull, Romeva, Rull, Ponsatí, Borrás, Forn, etc etc. Parece afán de exclusión, qué curioso que todos los miembros del Govern, los 14, tienen 27 apellidos catalanes, y se les debió de escapar que hay uno judío español, Vicente que además parece ser el del conseller más moderado. 

 

En cuanto a la presunta opresión que históricamente dicen sufrir los separatistas, lo que tiene que hacer el Gobierno de España es desvelar todos los sueldos del funcionariado público catalán, empezando por los del Govern y los de los alcaldes, y que se compare con los sueldos del resto de funcionarios del Estado español a ver dónde está la opresión. La primera prueba está en la de lo que cobran los Mossos. O el caso del ejemplo perenne: ¿Cómo es posible que una región "oprimida", como dicen, tenga a uno de los mejores equipos de fútbol de Europa con sueldos estratosféricos? Si la República Catalana saliera adelante todo eso, ese Estado de bienestar que tienen, aunque lo nieguen, se vendría abajo. Pues eso, todos esperando a que Puigdemont se caiga del caballo. En cuanto a lo de negociar, sólo hay una salida: Nuevas elecciones catalanas regionales y un duro trabajo de reconciliación y educativo. Y de hablar de qué, pues con la Justicia. No más enfrentamientos en una Cataluña que mire al futuro, sin rencores y con unidad, no con división. La cosa no es fácil si persiste el frontón supremacista y de exclusión.

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