Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

.
Lunes, 2 de octubre de 2017

Vergüenza, irresponsabilidad, prudencia y firmeza

Guardar en Mis Noticias.

Hay ocasiones en las que cuesta escribir. En días como el 1-O se juntan la vergüenza y la tristeza, el dolor y el desencanto por lo que somos y por lo que parecemos ser. Cuesta pensar que estamos en una democracia, esa democracia que los españoles nos dimos hace cuarenta años con un ejemplo de generosidad y solidaridad, de renuncias y reconocimientos.

Las imágenes que hemos podido ver y las declaraciones rastreras de los políticos de uno y otro lado invitan a bajarse de este tren civilizado y de concordia que es la democracia y volver a la ley de la selva. Como demócrata, me repugna la imagen que hemos transmitido a todo el mundo, las peleas entre políticos constitucionalistas, las diferencias entre los mossos y las fuerzas de seguridad del Estado, su incapacidad para defender la aplicación de la ley.

 

Con urnas opacas; con papeletas dentro, muchas hechas en casa; con un "censo universal" que nadie sabe lo que es y que permite votar a cualquiera; con votaciones en la calle sin control alguno; sin junta electoral; con cambios de colegios electorales una hora antes de la consulta; con niños y ancianos como escudos; y saltándose todas las normas legales y las decisiones de la Justicia, este referéndum era un esperpento y lo ha sido. Pero sí ha habido referéndum y sus resultados seguramente ya estaban escritos antes de que se votara.

 

La maquinaria del Estado no ha funcionado o ha sido insuficiente para garantizar el cumplimiento de la ley. Y la afirmación de la vicepresidenta de que no ha habido referéndum no es cierto. Lo ha habido. Ilegal, chapucero, inconstitucional, antidemocrático, impresentable... pero lo ha habido.

 

La deslealtad de la Generalitat y de sus dirigentes es el origen y la causa de esta situación y ellos son los grandes responsables. No hay que culpar a otros, aunque sí hay que exigir otras responsabilidades. Pero detrás del Govern, muy cerca, está el origen del problema: la promesa de Zapatero de aceptar cualquier cosa que decidieran los catalanes, aunque fuera ilegal y anticonstitucional; y la irresponsabilidad del PSOE al culpar en términos de igualdad al Govern de Puigdemont y al Gobierno democrático de Rajoy; la desfachatez de Podemos y de Ada Colau en los insultos al PP y a Rajoy en lugar de criticar a los desleales a la Constitución. Personalmente he echado de menos una declaración conjunta de los tres partidos constitucionalistas en defensa del Estado de Derecho. Pero no se puede pedir lo que no están dispuestos a dar. No nos merecemos estos políticos.

 

Los independentistas catalanes son responsables de la inmensa fractura social y política de Cataluña y del coste personal, social, económico y político que va a tener esta situación a corto y a largo plazo para España, Cataluña incluida. Hasta el fútbol sufre las consecuencias de esta irracionalidad. A pesar de todo hay que llamar tanto a la firmeza como a la prudencia. Esto hay que resolverlo desde la ley, primero y sin renuncias, y desde el diálogo, después. Y asumiendo responsabilidades todos. Las que toquen.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Fecha: Lunes, 2 de octubre de 2017 a las 23:08
Alejandro
Es sorprendente que una actuación golpista haya podido llegar tan lejos y la maquinaria del Estado sólo esté penalizando la desobediencia, y no la propia actuación golpista. Nuestra Constitución fue una chapuza, no cerró el modelo de Estado y no se protege a sí misma. Hay que re-escribir la Constitución, modernizarla sin prejuicios, quitando las lacras medievales que tiene (Senado, Corona, etc), los beneficios particulares a CCAA pedigüeñas y chorizas, haciendo tabla rasa entre ellas e igualándolas. Y, lamentablemente, para ello hay que ir a un extremadamente ineficaz modelo federal, porque 45 años de concesiones a golfos y desleales nos han llevado a un sistema muy desequilibrado entre CCAA.

MadridPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress