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Viernes, 22 de septiembre de 2017

A ver si nos rescatáis

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Ayer, estaba organizando la agenda en el móvil, y con la habilidad normal en el manazas que soy, debí pulsar una tecla, y recibí una llamada de contestación. Hace mucho tiempo que no la escuchaba.

La conocí, en el decenio de los 70, a raíz de la publicación de un ensayo sobre la mujer del que era autora. Un ensayo bien pertrechado, ameno, objetivo, y alejado de los excesos del feminismo, facción rampante. Me pareció una mujer inteligente, y lo es. Pertenece a la burguesía tradicional de Barcelona, y volvimos a encontrarnos, a principios del siglo XXI, al crear ella una empresa en Madrid. Cuando ya supe quién era, inquirí si continuaba viviendo en Madrid, y me informó que hacía años que residía en Barcelona. Y añadió, en un tono donde mediaba la broma y la preocupación: "A ver si nos rescatáis". No le concedí demasiada importancia hasta que los acontecimientos han demostrado que la situación va a peor, y que no hay síntomas de que haya nadie dispuesto a que mejore.

 

Hay que rescatar a esos mossos, a los que sus jefes convierten un día en héroes, y, pocas semanas después, en villanos. No se entiende que unos mossos asistan con flemática paciencia al destrozo de unos vehículos de la Guardia Civil, de la misma manera que no entenderíamos que los guardias civiles presenciaran, con estoica parálisis, la destrucción de coches pertenecientes a los Mossos D'Esquadra, a no ser porque hay unos jefes que con malicia ofenden su dignidad y ensucian su labor. Hay que rescatar a esos guardias de la Benemérita, que viven con sus familias en pequeños cuarteles del territorio, porque pueden ser -ya lo ha sido- objeto de acoso e intimidación. Hay que rescatar a personas sensatas como mi amiga que, al igual que centenares de miles de catalanes, están callados para no provocar a la chusma. Y, sobre todo, hay que rescatar la decencia y el decoro en el ejercicio de cargos de gobernabilidad, cuando se ensucian con el embuste y la maliciosa intención de avivar los odios.

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