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Jueves, 14 de septiembre de 2017

Puigdemont, el iluminado

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Es sabido que el desequilibrio entre las aspiraciones y las oportunidades provoca neurosis. A la manera como cursa en los individuos también puede extenderse a la política donde una idea puede llegar a hacerse obsesiva y quienes la generan tratan de llevarla a la realidad a través de rituales que pretenden reafirmarla. Lo estamos viendo en los últimos tiempos en la conducta pública del presidente de la Generalitat.

Su obsesión es celebrar un referéndum el próximo día 1 de Octubre. A sabiendas de que la convocatoria excede de sus competencias y de que ha sido suspendida por el Tribunal Constitucional. Pero la idea es obsesiva y por eso la trasfundió a la celebración de la Diada, buscando el eco de la multitud.

 

Cuando quien vive de la política como es el caso de Carles Puigdemont, que dicho sea de paso tiene el sueldo más copioso de la clase política española (dobla el que percibe Mariano Rajoy), pone en riesgo su futuro incumpliendo reiteradamente el mandato del TC a sabiendas de que lo menos que le puede caer es la inhabilitación, nos está diciendo que ha entrado en el proceloso territorio de las obsesiones.

 

De creerse en posesión de la verdad absoluta. Esa situación debería ser tenida en cuenta por cuantos durante los últimos tiempos han intentado, en vano, pedirle que reflexione. Que reflexione y dé marcha atrás en el plan separatista que a la postre está cursando como un proceso de sedición que pasa por encima de la legalidad vigente. A su favor habría que decir que no es el único responsable del proceso, ni quien lo puso en marcha. La larva la plantó Jordi Pujol y después vino Artur Mas.

 

Pero Puigdemont heredó el testigo con entusiasmo. Y va repitiendo que su autoridad está por encima de la ley y no tiene por qué acatar la suspensión dictada por el Tribunal Constitucional. Convendrá el lector que si etiquetamos la conducta del personaje como propia de un "iluminado" no nos alejamos de la realidad.

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