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Domingo, 10 de septiembre de 2017

La salida democrática

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Quedan tres semanas para el 1-O y no es fácil encontrar puntos de acuerdo entre los grandes bloques políticos de Cataluña ante la tensa situación actual. Pero tampoco parece imposible. En una democracia, el callejón tiene que tener salida. Malo si no la tiene, porque en ese caso no hablaríamos de democracia.

¿Cuál es la situación de partida? El periodista Antonio Franco, exdirector de El Periódico de Catalunya, cree que casi media Cataluña, constituida por independentistas reales y compañeros de viaje irreversiblemente hartos de la España que encarna Rajoy, ha decidido irse; otra casi media Cataluña, tan decepcionada por esa misma España como por la indefinida y poco democrática propuesta soberanista de Junts pel Sí, apuesta por grandes cambios en el Estado, y una pequeña minoría -la que estrictamente vota en Cataluña al PP- acepta seguir como hasta ahora.

 

Este diagnóstico descriptivo y a la vez crítico con los dos bloques en conflicto en Cataluña permite intuir que la salida democrática no será la imposición. La actual vía independentista no es legal ni ofrece suficientes garantías, por lo que no constituye una salida democrática, y la vía del Estado, a expensas de una reforma constitucional, está por definirse en el Congreso de los Diputados, porque lo que existe no es una alternativa política ante un problema político sino una reacción legal ante una grave crisis institucional. Falta, pues, algo esencial: definir las alternativas por vías democráticas, que necesariamente deben ser legales. Según la Constitución, solo las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado.

 

Como sostiene el notario catalán Juan-José López Burniol, si se pacta el reconocimiento de la singularidad de Cataluña, la contrapartida catalana, implícita en la aceptación por los catalanes mediante referéndum de la propuesta del Gobierno español, sería el reconocimiento del marco constitucional de España.

 

Todos los conflictos de esta naturaleza requieren tiempo para alcanzar un acuerdo, salvo que se resuelvan por vías no democráticas. También requieren calma o, si se prefiere, hablar al margen del suflé que suele generarse. En el Gobierno de Cataluña hay un suflé independentista y en el de España hay un suflé legalista, que no contribuyen a encontrar la salida. Tal vez se avance y se supere el bloqueo cuando intervenga el Congreso de los Diputados, el gran ausente de todo este proceso.

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