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Jueves, 7 de septiembre de 2017

Firmeza ante el golpe totalitario del separatismo

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El independentismo perpetró ayer en el Parlament un gravísimo golpe al Estado de Derecho al aprobar, vulnerando las garantías democráticas, la ley del referéndum ilegal con el que quiere sustentar la quimera de su república. La imagen de los diputados separatistas con el puño en alto cantando Els Segadors resultó espeluznante. Y la escenificación del Govern firmando en pleno el decreto de convocatoria, un desafío inaceptable.

Al situarse deliberadamente al margen de la ley, Junts pel Sí y la CUP, con la complicidad de Podemos, han dado «una patada a la democracia», en atinadas palabras de la vicepresidenta del Gobierno. Una agresión totalitaria que exige una respuesta contundente y coordinada de todos los poderes públicos. Ante la ciega obcecación de los secesionistas, el Estado debe actuar con ley, serenidad y firmeza. Ley contra la usurpación de la soberanía al pueblo español. Serenidad frente a la provocación de los golpistas. Firmeza ante un órdago, ya explícito, a nuestro Estado de Derecho.

 

El Parlament se convirtió ayer en el escenario de una rebelión de los separatistas comandada por la presidenta de la Cámara, Carme Forcadell. Sin contar con una mayoría de votos en las urnas, los secesionistas se escudaron en su mayoría de escaños para consumar su golpe. Intentando disfrazar el Pleno con la solemnidad propia de un acto en el que se iba a aprobar el texto fundacional de su república orwelliana, el Parlament aprobó sus leyes para la desconexión saltándose todos los procedimientos de garantías democráticas.Por la vía urgente, ocultando quién ordenó publicar los textos en su Boletín Oficial del Parlamento y obstaculizando la presentación de enmiendas de los grupos parlamentarios que no comparten su doctrina. Así se consumó el alzamiento totalitario de quien quiere sacar a Cataluña de la ley para someter el poder judicial, con el fin de amnistiar a sus fieles encausados en procesos judiciales, y controlar los medios de comunicación para imponer su pensamiento único.

 

La respuesta por parte del aparato del Estado a este atropello a los derechos parlamentarios que denunció la oposición constitucionalista no se hizo esperar. La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña anunció una querella contra los cinco miembros de la Mesa del Parlamento autonómico, encabezados por Forcadell. También, desde el Gobierno central, la vicepresidenta compareció en Madrid para anunciar que el presidente, Mariano Rajoy, ha puesto en marcha la maquinaria jurídica para frenar los textos que el Parlament aprobaría horas después.

 

El Estado debe extremar su alerta y actuar con frialdad ante la premeditada provocación a nuestra democracia del independentismo. Para ello, el Gobierno debe contar con el respaldo de toda la oposición constitucionalista. Ante el desafío al que nos enfrentamos, debe pesar más lo que une a quienes acatamos la Constitución que lo que nos separa. En este punto, es obligado resaltar la simbólica intervención del portavoz de Catalunya Sí Que es Pot, Joan Coscubiela, en la sesión de ayer, en la que denunció la «actuación antidemocrática sin precedentes» de los secesionistas y no se acomplejó por los aplausos que recibió desde las filas del PP, PSC y Ciudadanos.

 

Junto a las fuerzas políticas, el Ejecutivo debe coordinar su respuesta con una rotunda actuación de los órganos judiciales, el Tribunal Constitucional y la Fiscalía. Los pasos ya dados, como el control del Presupuesto desde el Ministerio de Hacienda, para evitar que su causa separatista se financie con recursos públicos, o la millonaria fianza de cinco millones de euros que ha impuesto el Tribunal de Cuentas a Artur Mas y sus colaboradores en el 9-N van en la buena dirección. Hasta ahora se ha actuado con mesura. Pero la línea roja que cruzó ayer el Parlament va a exigir nuevas respuestas, entre las que aún estamos a tiempo de contemplar el recurso al artículo 155.

 

Superar la fractura social en Cataluña no será fácil. Lo prioritario es parar el golpe tiránico de los secesionistas. Después se abrirá el tiempo en el que la política tendrá que actuar con altura de miras para ayudar a la sociedad catalana a coser sus fisuras. El tono bronco y extremadamente tenso en el que se desarrolló el Pleno de ayer no es más que el fiel reflejo de la división que se vive en la calle y que quedó en evidencia en la manifestación contra los terribles atentados de Barcelona y Cambrils este agosto, cuando el ruido separatista intentó acallar el clamor de los barceloneses por la paz.

 

No nos engañemos. Curar las heridas provocadas por las lanzas separatistas no será fácil.La vicepresidenta no exageró ayer cuando afirmó que en Cataluña «ha muerto la democracia». Es vital que PP, PSOE y C's trabajen unidos para que la ley y la cordura regresen al Parlament.

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