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Lunes, 4 de septiembre de 2017

El grave peligro de utilizar las mezquitas para hacer política

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Desde hace años, el movimiento independentista viene trabajando para atraerse el favor de las comunidades musulmanas instaladas en Cataluña. Amparada por las administraciones autonómicas y municipales, que ofrecen ayudas económicas a los inmigrantes musulmanes y llevan a cabo una política de permisividad hacia la instalación de mezquitas y centros islámicos, la Asociación Nacional de Cataluña (ANC) organiza con cierta asiduidad actos políticos de promoción del independentismo en las mezquitas. Ésta es la razón por la que la Comisión Islámica, tal y como publicamos hoy, ha prohibido cualquier acto separatista en las mezquitas de Cataluña.

Recientemente, ha sido suspendido uno que la ANC tenía previsto celebrar en Vilanova i la Geltrú bajo el lema Todos seremos fundadores de un Estado nuevo. Una decisión correcta por cuanto es una temeridad organizar actos de carácter político que promueven la desobediencia y la ruptura con la legalidad vigente en lugares reservados al culto religioso. La Historia demuestra que cuando la política y la religión trabajan juntas estamos en la antesala de un desastre social.

 

Acierta también la Comisión Islámica, que representa a todas las comunidades musulmanas ante la Administración española, al pedir que no se ponga ninguna mezquita al servicio del referéndum ilegal que la Generalitat pretende organizar el próximo 1 de octubre. La Comisión tiene constancia de que durante la consulta celebrada el 9 de noviembre de 2014, que había sido declarada ilegal por el Tribunal Constitucional, algunos responsables de centros islámicos pusieron sus locales a disposición de los organizadores.

 

Se trata sin duda de una relación peligrosa, ya que esta instrumentalización de los inmigrantes musulmanes por parte de las organizaciones independentistas se puede volver en su contra. A nadie se le escapa la naturaleza artificial de esta relación, ya que las visiones más radicales del islam, como la salafista, de fuerte implantación en Cataluña, no entienden la separación de la esfera política de la religiosa sino que, ajenos a cualquier influencia exterior, pretenden reproducir el esquema tribal de organización social que se refleja en el Corán, libro sagrado que recoge la palabra divina, según su creencia. Para estas comunidades radicalizadas, el independentismo sólo ofrece la ventaja de las ayudas económicas que generosamente les otorga, pero nunca se comprometerían a integrarse en una sociedad que no contemplase como única ley la sharia. Fuese ésta española o hipotéticamente solo catalana. Es, por tanto, un acto de irresponsabilidad por parte de los dirigentes independentistas permitir el crecimiento del radicalismo islámico, que vive voluntariamente en barrios separados reproduciendo esquemas medievales y que defiende la yihad como forma de combatir a los que no participen de su visión religiosa.

 

No hay que olvidar que según los datos que maneja la Policía, de las más de 1.200 mezquitas que hay en nuestro país, alrededor de un centenar están vinculadas al salafismo y defienden la interpretación más radical del islam, como ocurre en países del Golfo como Emiratos, Arabia Saudí o Qatar, potencias acusadas frecuentemente de financiar al margen de los cauces institucionales a estas comunidades. De todas las mezquitas salafistas que hay en España, más de la mitad están en Cataluña, donde una de cada tres defienden como única verdadera esta visión sunita del islam.

 

A esta situación, que ha convertido a Cataluña en uno de los lugares, junto con Ceuta y Melilla, donde más yihadistas han sido detenidos, ha contribuido de alguna manera el independentismo. Los diferentes gobiernos de Jordi Pujol favorecieron a través de ayudas económicas la instalación en Cataluña de inmigrantes musulmanes, en detrimento de una inmigración hispanohablante procedente de Latinoamérica. El partido del ex presidente, CDC, intentó también atraerse hacia el separatismo a la comunidad musulmana a través de la fundación Nous Catalans, dirigida entonces por el independentista Àngel Colom y que durante la campaña de las autonómicas de 2012 intentaba convencer a los inmigrantes musulmanes de las ventajas de una supuesta Cataluña independiente. Años antes, en 2003, Colom se puso al frente de la embajada de Cataluña en Marruecos con el objetivo de establecer una relación bilateral con Marruecos, país del que procede la mayor parte de los inmigrantes musulmanes que hay en Cataluña. Las consecuencias de esas políticas independentistas las estamos pagando ahora todos los españoles.

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