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Martes, 29 de agosto de 2017

Un insulto a los muertos

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A quien despreciaron en la manifestación de Barcelona los separatistas catalanes y la ultraizquierda fue a los muertos. A quien justificaron fue a los terroristas. Los fanatismos y los extremos se tocan.

Incapaces del más mínimo respeto y mas esencial humanidad, les pudo sobre todo el odio. El odio a España, el odio a todos los que no comparten su vesania y su delirio. El montaje secesionista, copando la parte "televisada" de la marcha, de eso se encargó el "NODO" de TV3, rodeando e insultando al Rey y al presidente del Gobierno, fue concebido como un acto de propaganda independentista. Un acto repulsivo y vil pues para ello no se dudó en utilizar algo tan trágico y terrible como un atentado terrorista del islamismo radical y a los 16 asesinados por los yihadistas. "Eso" no importaba.

 

El separatismo catalán insultó al Rey y a Rajoy. Nos insultaron a todos. Pero ante todo, y sobre todo, a quien insultaron fue a los muertos, a quienes agraviaron fue a las victimas. Y han quedado retratados ante el mundo.

 

Porque no solo en el conjunto de España, donde por supuesto incluyo a una mayoría de catalanes, cientos de miles incluso presentes en la marcha a la que acudieron con idea y emoción bien distintas, sino ante la opinión pública internacional que atónita ante la desvergüenza y la infamia de lo que se produjo no dudó, de manera bastante más contundente que nuestros propios medios de comunicación, en emitir un veredicto que resumía la portada del mas prestigioso y difundido de los periódicos italianos, La República. "IL NAZIONALISMO SENZA SOLIDARIETA". Retratados y desacreditados.

 

En realidad, y desde el momento mismo del atentado, su única obsesión fue que no afectara a su hoja de ruta secesionista y si era posible manipularlo en su favor, como finalmente han hecho, aunque quiero pensar que al hacerlo de modo tan repulsivo y tan obsceno más que suponerle réditos lo que haya provocado hayan sido arcadas. En realidad, y a pesar de la prudencia en los momentos álgidos de la tragedia de los que si entienden y entendemos que los responsables únicos son los asesinos, si algo deben de hacer las autoridades catalanes es dar muchas explicaciones ante lo que sin duda supone una cadena de fallos de previsión, información y reacción. Desde la negativa a colocar los bolardos por parte de la alcaldesa Ada Colau, que hubieran entorpecido el auténtico vuelo del terrorista en furgoneta por las Ramblas a lo que hoy sigue siendo algo en verdad inaudito pues ¿cómo fue posible que tras producirse la explosión en Alcanar, con muertos y heridos y cientos de bombonas los Mossos no solo no valoraran en su gravedad lo sucedido, no tomaran media alguna y se negaran a permitir intervenir a los Tedax de la Guardia Civil? ¿Cómo no hubo sospecha alguna sobre un piso okupado donde una docena de jóvenes marroquíes se reunían? ¿Cómo después de estallarles su propio explosivo no fue suficiente para hacer sonar todas las alarmas y tomar inmediatas medidas?

 

Es algo sobre lo que es preciso investigar y extraer conclusiones para que no pueda volver a repetirse. Como lo es también la burda operación de cierre de la ciudad tras el ataque en Barcelona tan desastrosa que el asesino tras apuñalar a una nueva víctima, se saltó, con el muerto en el asiento de atrás, un control hiriendo además a una agente, aparcando a cuatro kilómetros y prosiguiendo a pie su huida hasta perderle la pista y que cuatro días después fueran dos llamadas de ciudadanos las que les indicaran su localización. Fallos, a los que se une haber hecho caso omiso a los avisos internacionales sobre la peligrosidad del imán, que han de ser estudiados para corregirlos. Fallos en su mayor parte con raíz y responsabilidad política y que no deben servir para cargar contra quienes obedecen sus órdenes.

 

En aras de la necesaria unidad ante el terror se hizo bien en no poner en ello el acento. Pero por la parte separatista la reacción fue exactamente la contraria. Buscar el aprovechamiento de la matanza. Como suena y como quedó demostrado de colofón en la manifestación de Barcelona.

 

Para ello y una vez más han contado con la ultraizquierda tanto del territorio autónomo como del resto de España. A la nauseabunda CUP y de manera más sinuosa no han dudado en unirse los que una vez más vienen a concluir en que los culpables de los asesinatos no son los asesinos y que estos, "pobrecillos" son también unas víctimas. Que los culpables somos otros, el Rey, Rajoy, el Estado, Europa, la pérfida civilización occidental y el malvado capitalismo. Todos, cualquiera, todos menos los asesinos. En este caso terroristas islamistas, aunque ese dato haya que ocultarlo. Por aquello de la islamofobia. Como si España no hubiera sabido más que nación alguna y tras el más feroz de los atentados, el del 11-M, con 192 muertos y este de ahora saber separar trigo y paja.

 

Unos y otros, la cada vez más sectaria ultraizquierda y la cada vez más enfebrecido separatistmo, protagonizaron el vomitivo espectáculo de Barcelona. Luego, de tapadillo, Junqueras e Iglesias se fueron a cenar juntos. Anfitrión y muñidor: Roures.

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