Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

.
Domingo, 13 de agosto de 2017

Discriminar no es la vía para conseguir la igualdad real

Guardar en Mis Noticias.

James Damore fue despedido esta semana de Google, empresa en la que trabajaba como ingeniero, tras publicar un memorial crítico de uso interno sobre la discriminación que aplica esta compañía para fomentar el liderazgo femenino en las áreas tecnológicas.

En su escrito, defiende que "la discriminación para alcanzar una representación igualitaria es injusta, causa división y es mala para los negocios". Además, sostiene que la distribución de las preferencias y habilidades de los hombres y las mujeres "se distingue en parte debido a causas biológicas". Estas diferencias, a su juicio, pueden explicar por qué no hay igual representación en hombres y mujeres en campos como la tecnología y el liderazgo.

 

Las tesis de Damore son discutibles porque la discusión alrededor de lo que es biología y lo que es cultural en las preferencias laborales de género no puede darse por cerrada. Sin embargo, resulta desproporcionado que esta guía fuera tachada inmediatamente de "machista", tanto dentro de Google como en parte de la opinión pública estadounidense. Y, sobre todo, resulta lacerante que una guía de estas características derivara en un ejercicio de censura, precisamente, en una compañía que se jacta de su diversidad. El propio Damore se considera víctima de lo que él mismo llama sarcásticamente Goolag, en alusión a los campos soviéticos en los que el régimen comunista sometía a trabajos forzados a los disidentes. 


Con el despido de Damore, Google quiso lanzar un mensaje inequívoco de compromiso con la igualdad justo cuando está siendo investigada por el Gobierno federal por alegaciones de que paga menos a las mujeres. Basta una somera lectura de la guía para comprobar que esta compañía no ha hecho más que caer en la dictadura de lo políticamente correcto. Porque lo que en realidad perseguía este manual, cimentado en estudios de psicología evolutiva, es proponer fórmulas para que la firma tecnológica pueda ser más inclusiva con las mujeres.

 

Y ello partiendo de la base de que hombres y mujeres se interesan por trabajos distintos y a niveles de implicación diferentes. Independientemente de la diatriba entre Google y su ya ex empleado, este caso pone de manifiesto la necesidad de encarar un debate fundamental a la hora de concebir las políticas de igualdad:la ideoneidad o no de aplicar la llamada discriminación positiva.

 

Por ceñirnos al caso español, es verdad que tras la aprobación de la Ley de Igualdad (2007), que impuso cuotas a las grandes empresas y partidos políticos, la presencia de las mujeres en estos ámbitos ha aumentado. También la Comisión Europea aprobó una directiva que, aunque no es de obligado cumplimiento, persigue el objetivo último de alcanzar en 2020 una cuota del 40% de mujeres en los consejos de administración de las grandes corporaciones. Sin embargo, resulta dudoso que ésta sea la vía adecuada para alcanzar la igualdad real. Primero porque el hecho mismo de aplicar instrumentos de rectificación, aunque se haga con el subterfugio de "positivos", supone un reconocimiento implícito de la desigualdad que aún hoy sigue marcando la presencia de las mujeres en el ámbito público. Y, segundo, porque lo relevante -especialmente en el terreno laboral- es el fomento de la cultura de la meritocracia, por encima de estériles banderías de género.

 

El siglo XX fue el periodo de mayor avance para la mujer, con hitos como el sufragio femenino, los métodos anticonceptivos o la plena incorporación a la universidad. Todo ello se logró sin cuotas ni imposiciones, sino mediante la concreción legislativa de las transformaciones sociales. Y, aunque es evidente que la mujer arrastra una forzada incorporación tardía al mercado laboral, se trata de una cuestión de dignidad que esta injusticia pueda repararse en virtud de las capacidades y los méritos de la mujer, y no como consecuencia de acciones coercitivas. El caso Damore es un aldabonazo que debería hacer reflexiones a partidos políticos y empresas sobre esta cuestión.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
MadridPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress