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Viernes, 11 de agosto de 2017
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España apuesta de nuevo por las energías renovables

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Hablar de actualidad energética en España es hablar de tecnologías limpias y recursos renovables. Tras años en los que parecía que cuando se hablaba sobre la energía procedente de fuentes limpias, España miraba hacia otro lado, al fin, el gobierno ha decidido ponerse en marcha y darle un pequeño empujoncito a las renovables.

 

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En 2004 la Unión Europea definió que para 2020 el 20% del consumo total de energía debería provenir de las energías renovables. Por su parte, cada país, en función de sus recursos, estableció un objetivo para ese mismo año, en el caso de España también de un 20%. Para ello, se calculaba que en 2015 este porcentaje debería ser ya del 16,7%.

 

Según los datos aportados por Eurostat, que se pueden consultar fácilmente el internet, un tercio de los 28 países miembros de la Unión Europea superaron sus objetivos antes de 2015, no es este el caso de España que solo llegó al 16,15%, con una insignificante variación del 0,01% entre 2014 y 2015.

 

Las previsiones para 2020 no eran nada buenas, aunque si que es cierto que en la industria española se está recurriendo al uso de la biomasa, el resto de producción de energía por medio de renovables estaba parado desde 2012. Esto se debe a que por motivo de la crisis hubo un descenso de la demanda de electricidad, lo que hizo que en este país hubiese mucha más potencia instalada que demandada, eso sí, la mayor parte generada en centrales a base de combustibles fósiles, lo que hizo que el gobierno del PP decidiera frenar el avance de las energías renovables.

 

Cinco años después, el mismo gobierno decidió realizar una primera subasta de renovables, que no funcionó muy bien debido a que, entre otras cosas, limitaba los megavatios destinados a cada una de las tecnologías, es decir, parques eólicos, instalaciones fotovoltaicas, termosolares, hidráulicas o de biomasa. El gobierno aprendió la lección y el pasado 17 de mayo de 2017 volvió a subastar 3000 megavatios entre las distintas empresas del sector en España, esta vez, todas y cada una de las tecnologías competían por lo mismo, sin embargo, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), sólo la eólica y la fotovoltaica tenían opciones reales.

 

La polémica surgió con las bases de esta subasta, la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), consideraba que con las reglas de esa subasta las instalaciones fotovoltaicas salían perjudicadas respecto a las instalaciones eólicas, por ello, hizo una petición al Tribunal supremo para que suspendiera la resolución del Ministerio de Energía que fijaba el procedimiento y las reglas de la subasta. Estas definían que ganaría la puja que generase menor subcoste al sistema eléctrico, pero en caso de empate, se tendrían en cuenta parámetros como el valor de la inversión inicial, el subcoste unitario máximo y las horas de funcionamiento, esto claramente posicionaría la balanza a favor de las eólicas ya que según la orden por la que se aprueban los parámetros retributivos de las instalaciones tipo de producción de energía eléctrica a partir de fuentes de energía renovables, cogeneración y residuos, se establece un total de 3000 horas de funcionamiento para las eólicas y únicamente 2367 horas para las fotovoltaicas.

 

El Tribunal Supremo acabó rechazando la propuesta, pero dio la opción a la UNEF de reclamar una compensación económica en caso de que finalmente hubiese discriminación.  La subasta se realizó siguiendo esas reglas y efectivamente las instalaciones eólicas acabaron con un 99,3% de los 3000 megavatios subastados.

 

Visto el éxito de la anterior subasta, se decidió subastar otros 3000 kilovatios más, esta vez limitado a proyectos de instalaciones de tecnología eólica y fotovoltaica. La adjudicación según se dijo, sería para la opción más eficiente en costes, pero realmente acabó realizándose con el mismo procedimiento y las mismas reglas que la anterior, alegando que el resultado había sido muy satisfactorio.

 

En esta ocasión se superaron los 5000 MW, ya que el complicado reglamento de esta subasta permitía conceder más potencia en caso de haber la demanda suficiente. En este caso, la totalidad de la puja fue destinado a las instalaciones fotovoltaicas, ya que las empresas ofrecieron mayores descuentos, fijando un precio mínimo garantizado más bajo que las eólicas, evitando los posibles empates.

 

Pero, si bien es lógico el repentino interés del gobierno en volver a poner en marcha las renovables para llegar al objetivo marcado por la Unión Europea. ¿Por qué tanto interés y empeño por parte de los inversores? Pues parece ser que, según las bases de la subasta, las empresas conseguirían una ayuda económica por cada megavatio de potencia instalada, no de potencia generada y además a día de hoy se ha abaratado el coste de estas tecnologías, por lo que esperan una rentabilidad muy alta (de doble dígito) para los megavatios obtenidos en ambas subastas.

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