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Domingo, 6 de agosto de 2017

El valor de la democracia

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"La democracia -solía decir Winston Churchill- es el sistema político en el cual cuando alguien llama a la puerta de la calle a la seis de la mañana, se sabe que es el lechero".

Bajo esa atinada premisa del gran estadista británico, Venezuela ya no es una democracia, porque de madrugada puede llamar un carcelero de Nicolás Maduro. Pero a la extrema izquierda española, al menos a una parte de ese sector político, parece que le gustan más otro tipo de metáforas de lo que es la democracia. Tanto, que algunos líderes de la extrema izquierda española y nacionalista han expresado públicamente su apoyo al chavismo.

 

No se trata de simplificar ni de exagerar las cosas, pero llegados a este punto tiene toda la lógica preguntarse si estas personas gobernarían España al estilo de Maduro. O sea, si esta gente gobernase, ¿podría ser posible y plausible que te lleven preso de madrugada sin orden judicial? ¿O que haya presos políticos como en el franquismo? ¿O que suspendan el Parlamento, como quiso hacer Tejero?

 

¿Podrían operar paramilitares armados para agredir y/o matar a la gente? ¿Estaría bien visto falsear el recuento de votos en unas elecciones viciadas? ¿Podría inhabilitarse a otros adversarios, incluidos los líderes de la Oposición? ¿Sería considerada una buena gestión que no haya medicinas con la excusa del imperialismo? ¿Habría hiperinflación pero se le atribuiría a la derecha económica? ¿Podría gobernar un tirano hortera? ¿Sería posible entender la democracia como una mera herramienta para tomar el poder y apropiárselo de manera indefinida?

 

Algún líder que no vale la pena mencionar habló de legitimar "elecciones limpias" en Venezuela, cuando no se atienen a la propia Constitución venezolana, chavista por cierto, y plantean una representación gremial, como las Cortes franquistas, de carácter estamental. Además, ¿en qué cabeza cabe plantear una reforma constitucional -léase cambiar las reglas de la política- sin contar con la Oposición?

 

Todo parece indicar que hay gente que confunde la defensa de los valores de la extrema izquierda con las fechorías de gente que se declara de izquierdas pero a saber lo que será. Pasa un poco lo mismo con esto de la turismofobia. Una cosa son los defectos del turismo y otra los excesos -violencia incluida- de sus detractores.

 

A la izquierda del PSOE, tanto en el conjunto de España como en algunas de sus nacionalidades, hay políticos que están perdiendo la cabeza y, de paso, la oportunidad de derrotar a la derecha corrupta con posiciones democráticas. Una mala noticia para democracia española.

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