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Domingo, 6 de agosto de 2017

Totalitarismo bolivariano

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Por si a alguien le quedaban dudas sobre la deriva del chavismo, en agosto de 2017 se consuma un paso más hacia el totalitarismo bolivariano disfrazado de socialismo. Ahora, aderezado con toques neocomounistas, supuestamente defensor de las clases populares, o bajas. No importa si tras dos décadas de desgobierno y despropósitos económicos el país se ha hundido en la miseria.

Hay todavía quien apoya este modo subversivo de gobernar, entre ellos algunos políticos en España que, ya viviendo de la sopa boba y cobrando por sólo hablar, hablan y dicen verdaderas barbaridades en defensa del chavismo, ahora madurismo.

 

[Img #62486]Sólo hay que conversar con los venezolanos que están llegando a Madrid en busca de una vida porque lo que hay en Venezuela, desde luego, no lo es: sin libertad, inflación disparada, la violencia brutal, desempleo, escasez de alimentos, falta de medicinas, recursos limitados, delincuencia, expropiaciones que han hecho desaparecer empresas y que no han sido sustituidas por las mejoras supuestamente buscadas por los nuevos hacedores de un Estado de bienestar más justo, no, ha sido todo al contrario. Es todo un dislate el que haya aún portavoces que desde España defiendan lo indefendible, aunque el origen de todo hay que buscarlo cuando los venezolanos votaron y eligieron en 1998 a Hugo Rafael Chávez Frías, creyendo que les llevaría al paraíso. Lo ocurrido en los últimos años ya no es votación, sino manipulación descarada y aherrojamiento del poder. ¿Cuántos votantes del chavismo están arrepentidos de haber creado tal monstruo con sus votos? Ahora, va a ser complicado extirparles del poder absoluto al que se están aferrando.

 

Si malo era lo que había en los noventa y era necesario un cambio, en esta ocasión, el cambio ha sido a peor, como prueban los hechos. Además se alcanzaron grados de idolatría que persisten hoy como cuando se ven esas imágenes de la nueva Asamblea Constituyente jurando no sabemos qué ante la tumba del fallecido Hugo Chávez. Incluso resulta difícil de creer que el propio Chávez admitiera los grados de injusticia que están sufriendo los venezolanos en este año 2017, dos décadas después de la llegada del chavismo. Con Nicolás Maduro a la cabeza, el país está a la deriva y, según él, la culpa no la tiene su desnortado gobierno, ni su incapacidad, no, achaca los males siempre a las extrañas fuerzas externas, por ejemplo, a Trump, que no lleva ni medio año como presidente de EEUU, frente a los veinte años de destrozos del propio chavismo. También culpa a España, cómo no, siempre echando balones fuera. 

 

El nuevo régimen necesita justificarse y ha tirado del apoyo de los incondicionales siervos que gobiernan no para el pueblo venezolano, que no les importa, sino para los suyos. Falta que entre estos comiencen las deserciones o revolverse contra la propia dictadura porque los perjudicados son los de siempre, aquellos a quienes supuestamente querían ayudar, el pueblo venezolano. En todas las dictaduras hay seguidores que las aplauden. Se necesita un giro democrático, una vuelta a la normalidad.

 

Instalado en el clasismo ideológico, ha fraguado su dictadura retorciendo al Parlamento elegido en las urnas y ha creado esa nueva Asamblea paralela, un gobierno personalista que recuerda los peores años del siglo XX, con puños en alto y banderas, a imagen y semejanza de los camisas negras o azules de dictaduras pasadas y otros caciques.

 

Suplanta cualquier atisbo de democracia mientras se apela una y otra vez a la paz social. En este caso, la paz forzada del silencio, de la detención de los disidentes y de la represión. Lo difícil ahora no va a ser "sacar" la dictadura que está atornillando el chavismo, sino conseguir algo de progreso para un pueblo que avanza hacia la miseria si nadie lo remedia. El nuevo gorila Maduro parece decidido a perpetuarse en el poder y no a través de medios democráticos precisamente. ¿Decidirá Maduro reconocer su derrota y permitir la vuelta de la democracia? ¿O será el nuevo cacique dictador? 

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