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Sábado, 5 de agosto de 2017

Pactos y asesinos

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En las últimas 48 horas otras dos mujeres han sido brutalmente asesinadas en nuestro país a manos de sus parejas, con lo que la cifra negra de la vergüenza en lo que va de año asciende a 37.

La única novedad es que estos hechos se producen después de que nuestros políticos se hayan puesto de acuerdo ¡por fin! para dar luz verde a un gran pacto contra la violencia machista que incluye cerca de doscientas medidas para hacer frente a este nuevo tipo de terrorismo.

 

El pacto contempla la creación de protocolos en la atención primaria sanitaria y en las urgencias para que los médicos contribuyan a detectar a posibles víctimas cuando se produzcan los primeros abusos. Sin embargo la detección, en ocasiones, no es suficiente o al menos no lo ha sido para esa pequeña de cuatro años que ha muerto tras recibir una brutal paliza y con signos de abusos sexuales, después de que los médicos que la atendieron por otra paliza denunciaran el tema.

 

¿Qué clase de monstruo despiadado puede cortar de cuajo la vida y la infancia de un ser inocente?, y ¿qué clase de madre puede no hacer nada frente a un hecho así? nos preguntamos ahora, pero además en este caso han fallado todos los protocolos, y de haber funcionado las alarmas en su ciudad y también entre los vecinos, tal vez la pequeña ahora estaría a salvo.

 

Por eso es importante esa modificación anunciada de la ley de régimen local para que los Ayuntamientos recuperen las competencias en promoción de la igualdad entre mujeres y hombres y en materia de violencia de género y se creen además unidades de apoyo local interdisciplinares para acompañar, ayudar y proteger a las victimas.

 

Este año, 2017 se esta convirtiendo en el más sangriento en violencia machista desde que existen estas estadísticas y como he comentado en alguna ocasión, las cifras de esta nueva forma de terrorismo reflejan una realidad evidente que las mujeres siguen muriendo a palos en la intimidad del hogar, son acuchilladas en plena calle, ahogadas e incluso quemadas vivas, mientras nosotros seguimos entretenidos en el debate de si este tipo de hechos tiene un efecto dominó, de imitación o si debemos dar eco informativo o no este tipo de crímenes.

 

Lo importante no es eso sino ¿por qué? ¿Qué pasa para las cosas sigan igual incluso peor? Hemos hecho leyes, formado a jueces y policías especializados en este tipo de delitos, roto silencios y miedos, pero algo estamos haciendo mal para que los agresores sigan campando a sus anchas y repitiendo estereotipos de siempre.

 

Y lo peor de todo es que cada día las víctimas son más jóvenes y la impotencia cada vez mayor. Sabemos detectar los síntomas porque los parámetros son idénticos: primero los insultos, luego un empujón, la bofetada, la humillación, el ir minando poco a poco la autoestima, la amenaza con llevarse a los hijos... y el infierno en la intimidad y la soledad del hogar.

 

Cuando ocurre lo peor... nadie ha oído nada, ni ha intuido nada. Y otra vez el silencio vergonzante de una sociedad incapaz de señalar como apestados a los cobardes. No son hombres corrientes sino asesinos de la peor especie y no es un calentón sino un arma letal capaz de arrasar con todo lo que debería cuidar y proteger.

 

Paco 'El disecao', como lo llamaban en el barrio por su enjuto aspecto, pasó las últimas horas de la tarde del lunes enfrente de su casa, en el parque de San Isidro de Getafe. Al lado de la fuente, junto a algunos vecinos que lo conocían, enseñaba una pistola mientras gritaba: *¡Que la mato, que la mato!*. Aunque todavía quedaban unas horas para que cometiese el crimen en el que finalmente no utilizó ese arma de fuego.

 

En la madrugada del martes, Francisco, de 71 años, degolló en su domicilio a la que había sido su pareja sentimental durante una década, María Raquel, de 63 años. Más de 24 horas después, pasadas las 5 de la mañana del miércoles, se entregó a la Policía reconociendo el crimen. La autopsia dictaminó que la causa de la
muerte fue la herida que tenía en la cuello. También presentaba puñaladas en el costado del cuerpo.

 

Esta es la crónica publicada en los periódicos del asesinato cometido en Getafe en los últimos días, en el que se repiten esquemas de sobra conocidos como que la víctima había sido atacada en múltiples ocasíones por su maltratador y éste tenía alguna condena a sus espaldas por violencia machista. La diferencia ahora es que tras el pacto se suprime la atenuante de confesión en delitos de violencia de género con lo que el "disecao" verá aumentada su condena por el crimen y eso al menos es algo.

 

Prevenir y atajar a violencia contra la mujer a través de la educación es otra de las prioridades del pacto. Con este objetivo, se reforzará y ampliará en todos los niveles educativos el fomento de los valores igualitarios y la prevención del machismo y conductas violentas, trabajando de forma especial con niños y varones adolescentes y se dará formación al profesorado.

 

Estoy convencida que si hay algo que puede acabar con esta lacra es la educación porque solo inoculando en las generaciones futuras conceptos como igualdad y respeto podremos contar con un arma eficaz para acorralar a estos monstruos. Espero y deseo que este nuevo pacto sirva para no tener que escribir un día sí y otro también sobre un tema tan repugnante que debería avergonzarnos a todos. ¡Ni Una Más!

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