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Martes, 18 de julio de 2017

La entente Podemos-PSOE

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Cuando Pedro Sánchez anunció hace unos meses en Dos Hermanas (Sevilla) su candidatura para el proceso de primarias internas de cara a elegir secretario general del PSOE, fue muy claro en cuál era su objetivo político principal si resultaba elegido: liderar desde su partido a toda la izquierda para echar a la derecha, es decir al PP, del poder. Para lo cual era imprescindible el entendimiento con Podemos y si fuera necesario con los partidos independentistas catalanes como ERC.

Por eso, a nadie debería extrañar en exceso el acuerdo al que acaban de llegar el PSOE y Podemos en Castilla-la Mancha, gracias a la intervención directa de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, para que el actual Presidente de esa Comunidad Autónoma, Emiliano García Page, pueda sacar adelante los Presupuestos, aunque a cambio haya tenido que ofrecer a la formación morada entrar en su ejecutivo con una Vicepresidencia y una Consejería. Es decir, uno de los principales apoyos que tuvo Susana Díaz en su batalla interna por la secretaría general del PSOE ha tenido que pedir ayuda al rival de esta en las primarias para poder seguir gobernando en Castilla-la Mancha.

 

Algunos han querido ver en este acuerdo limitado a una Comunidad Autónoma una especie de banco de pruebas de lo que podría ser en un futuro un entendimiento a nivel nacional. Eso sea quizás ir demasiado lejos, porque como se suele decir habitualmente el futuro no está escrito y mucho menos en el terreno electoral. Hoy por hoy, las encuestas de intención de voto que se han ido publicando en las últimas semanas, dan una cierta subida al PSOE a costa precisamente de Podemos, lo cual es lógico, porque la tendencia natural es que la fuga de votos que se ha producido en los últimos años de las filas socialistas hacia la formación de Pablo Iglesias, vaya poco a poco retornando a su punto de partida.

 

Si alguien albergaba alguna duda, la apuesta de Sánchez es tan clara como arriesgada: necesita a Podemos para llegar al poder, pero eso conlleva situar al PSOE en un espacio de izquierda radical compitiendo con Podemos, alejado por tanto de un espacio más moderado, de centro izquierda, que es donde ha tenido históricamente su mayor caladero de votos y que le ha permitido gobernar en España durante veintiuno de los cuarenta años transcurridos desde la transición democrática.

 

Esa apuesta estratégica de Sánchez está teniendo ya un reflejo evidente en el posicionamiento de los socialistas ante el mayor problema político que hay en estos momentos: el desafío secesionista planteado desde Cataluña. La postura del PSOE de Sánchez ante esta cuestión es confusa, cambiante dependiendo donde hable, queriendo tocar todos los palos, pero sin alinearse claramente al lado del Gobierno de la Nación en una cuestión, esta sí, que es claramente de Estado.

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