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Viernes, 14 de julio de 2017

El estigma

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Pedro Sánchez y Miquel Iceta han pactado una serie de iniciativas políticas y parlamentarias para intentar dar respuesta al desafío independentista de la Generalitat.

Al margen del acierto o desacierto del contenido de estas medidas la pregunta que hay que hacer a ambos es si de verdad creen que por presentarlas van a conseguir que Puigdemont y los suyos den marcha atrás y por tanto desconvoquen el referéndum fechado para el 1 de octubre.

 

Sánchez e Iceta deberían de contarnos si estas medidas las han venido negociando o al menos hablando con los partidos independentistas y si estos se muestran dispuestos a dar marcha atrás.


Si no es así todo quedará en un brindis al sol. De manera que seguiremos teniendo un problema y es que en octubre los dirigentes del independentismo catalán con la Generalitat en cabeza desafiarán al Estado. Y es a esa situación a la que Sánchez debe de responder y decirnos exactamente lo que cree que hay que hacer más allá de gastar palabras diciendo que hay que hablar. Digo yo que además de hablar el Gobierno tiene la obligación de impedir que se quiebre la legalidad. Y es ahí donde el PSOE tiene la obligación de definirse.

 

Por eso no logro comprender que Sánchez y su ejecutiva hayan decidido estigmatizar el artículo 155 de la Constitución cuyo significado último no es otro que hacer cumplir precisamente la Constitución.

 

En realidad es difícil de comprender porque no han dado ninguna explicación. Hay quienes aseguran que la posición de Pedro Sánchez se debe a que Felipe González ha manifestado que el 155 es una de las opciones válidas para poner freno al desafío independentista. Cuesta creer que Sánchez sea tan débil como para no ser capaz de hacer suya una propuesta política porque venga de González.

 

Lo cierto es que antes de González, Alfonso Guerra también se declaró partidario de echar mano del artículo 155 de la Constitución en caso necesario. Entonces ya escribí que me parecía más que acertada la opinión de Alfonso Guerra y no puedo más que reiterar que me ha parecido igualmente acertada la opinión de Felipe González.

 

En cualquier caso, el artículo 155 es una opción más, ni mejor ni peor que otras. El caso es que desde el PSOE se dice que están en contra de que en Cataluña se célebre un referéndum ilegal pero al mismo tiempo estigmatizan que se pueda impedir aplicando un artículo de la propia Constitución.

 

Eso sí, aseguran que si Mariano Rajoy no es capaz de solucionar el problema ellos tomarán la iniciativa para hacerlo y de hecho son las medidas pactadas entre Sánchez e Iceta, entre ellas una reforma de la Constitución avanzando esa peregrina idea de definir España como Estado plurinacional que a mi se me asemeja como echar un filete todo de ternera a un tigre para ver si se le pasa el hambre.

 

Por no hablar del desparpajo con el que Critina Narbona nos ha dejado dicho que un modelo a imitar es el de Bélgica, país que desde su constitución no deja de cuestionarse a sí mismo. A la señora Narbona se le olvida que España es uno de los países más antiguos de Europa.

 

Pero vuelvo al artículo 155 de la Constitución. Este artículo es una herramienta para frenar la ilegalidad que pretenden el presidente Puigdemont y sus socios. Puede que haya otros artículos de la Carta Magna mejor o iguales a éste, pero lo que no deberían los socialistas es, insisto, es decidir que hay artículos de la Constitución buenos y malos, porque eso es dar alas precisamente a quien se niegan a acatarla.

 

Si los representantes políticos e institucionales de una a Comunidad Autónoma deciden saltarse la ley, si además continúan desobedeciendo reiteradamente al Tribunal Constitucional, es evidente que algo habrá que hacer. Y en este asunto no caben demagogias ni mucho menos políticas partidistas cortoplacistas.

 

En un Estado de Derecho, y el nuestro lo es, todos, todos, todos, tenemos que cumplir la ley. Y más si cabe los representantes públicos. Vamos digo yo.

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