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Sábado, 8 de julio de 2017

Cómo arruinar a Cataluña en 48 horas

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El equipo del Gobierno regional de Cataluña ha emprendido un viaje hacia el precipicio político en un Estado de Derecho democrático sometido a la Ley, a la Constitución Española aprobada en referéndum por los españoles en 1978, y especialmente respaldada en su día por un altísimo porcentaje de catalanes/españoles.

[Img #61548]Ahora el Govern iluminado se dota de poderes casi dictatoriales, crea leyes faraónicas adaptadas a sus propios intereses y decide que si ellos ganan un referéndum -hecho a su medida- se van de España en 48 horas.

 

Sí. Y en la hora 49, Cataluña implosiona y se hunde en la ruina. 

 

Ellos no quieren reconocer la realidad. Puigdemont es el presidente de Cataluña gracias a la Carta Magna. Ningún policía por ser agente de la autoridad puede atracar un banco y ningún presidente regional elegido en las urnas puede dar un golpe unilateral y establecer nuevas normas saltándose la ley. 

 

En la hipotesis de la locura independentista, en la hora 49, el decreto secesionista provocaría un terremoto de consecuencias gravísimas:

 

Cataluña quedaría fuera de la UE.

 

El golpe que planea Puigdemont quitaría a todos los catalanes el derecho de ser ciudadanos de la UE.

 

El FC Barcelona tendría que salir automáticamente también de la Liga nacional española y jugar la Liga nacional catalana. Seguramente los ingresos del club no darían ya para pagar a Messi.

 

Convertiría en extranjeros a todos los españoles catalanes que necesitarían pasaporte incluso para simplemente cruzar el Ebro.

 

Los funcionarios catalanes españoles de las Fuerzas de Seguridad del Estado tendrían que irse de Cataluña: por ejemplo, policías nacionales, guardias civiles, Ejército. La inseguridad aumentaría un mil por cien en un nuevo Estado sin estructura.

 

Los funcionarios de delegaciones ministeriales estarían en un país extranjero.

 

La salida de catalanes españoles supondría el abandono de miles de pisos y residencias en alquiler. 

 

El consumo se vendría abajo. Y vender fuera sería más cara y dificultoso. Muchas empresas pegarían la espantada con dirección a Madrid, por ejemplo, para no tener que incurrir en gastos inesperados.

 

Las empresas con licencia para operar en la UE estarían en situación alegal en Cataluña. 

 

Habría que levantar fronteras y aduanas pogar ejemplo entre Zaragoza y Barcelona.

 

Los catalanes españoles no podrían acogerse a la libre circulación que ahora tienen para ir a Francia, Italia, Alemania, etc.  

 

Iniciada la exclusión de catalanes españoles, retrocediendo en la Historia, es como la de moriscos o sefardíes..

 

Está visto que su idea de la libertad y de la democracia pasa incluso por ideas tan peregrinas como expropiar templos religiosos para hacer economatos, seguramente, pero los bancos verían que no hay ningún Banco Central Europeo, ni Banco de España dispuesto a financiar los caprichos del Govern ni para mover economía alguna.

 

España pararía también automáticamente la financiación del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica). La deuda supera los 50.000 millones de euros. 

 

El Govern seguramente atraparía los impuestos que recaude en ese fatídico mes de octubre, pero no alcanzaría para pagar dos meses seguidos de las pensiones. Lo que no sabemos tampoco es cómo haría para pagar a las farmacias, los medicamentos, a los funcionarios de Sanidad, a los Mossos, a los profesores, etc. pasado el primer mes de atragantamiento y fascinación ensoñada. 

 

Porque si algo tienen los independentistas es carencia del sentido de la Economía. La mayoría de los impulsores del independentismo no se buscan la vida por sí solos, sino que viven de sueldos públicos y subvenciones, que han de sustentarse sobre una fuerte economía productiva, de libre mercado y deudas pagables. En el momento que falla esto, la versión de la idílica República catalana se vendría abajo como un castillo de naipes.

 

¿Basta con que a miles de votantes engañados les digan que no les gusta España para querer crear una nación inventada y con futuro sombrío? Pues eso es lo que creen y lo que seguirán creyendo cuando se dice que lo blanco es negro, cuando se vende que existen varias naciones imaginarias y molinos como gigantes, cuando los partidos en vez de propuestas serias presentan eslóganes simplones, cuando en vez de trabajar juntos por el futuro se quiere dividir a la población entre los caducos conceptos de izquierda y derecha.

 

Los radicalismos caen cuando mejora la economía. Los nacionalismos, ídem.

 

España está en la senda de la recuperación; sólo hay que mirar atrás, de qué tipo de crisis venimos, y ver que si no se ponen palos en las ruedas, aún continuando los problemas, a todas las regiones de Hispania les va a ir mejor, también a Cataluña. 

 

Y una cosa más: la Comunidad Autónoma de Cataluña es una comunidad regional, no una nación, con su singularidad, claro que sí, con la suerte de tener dos lenguas, el castellano y el catalán, formando también parte de la Unión Europea.

 

Pero también es singular Andalucía. Y Extremadura tiene sus singularidades. Y La Rioja. Y Galicia. Y País Vasco. Y Canarias. Y Baleares. Y Ceuta y Melilla. Y Barcelona tiene las suyas. Y Sevilla. Y Huesca. Y Ávila. Y mi pueblo, Las Navas del Marqués. No hay población ni ciudad que no tenga sus singularidades. El invento de que hay que encajar a Cataluña en España es una boutade política que están siguiendo algunos partidos políticos desnortados. Ellos son los desencajados. Eso de que España es una nación de naciones es otra estupidez. Es una nacióin de regiones. Porque si seguimos así, hasta Cartagena sería una nación, y bien que quiso serlo con su revolución cantonal en el siglo XIX.

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