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Lunes, 19 de junio de 2017

Últimas noticias de Bangassou

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Este domingo estará en la Bien Aparecida de Cantabria la cruz de Lampedusa, la que el Papa Francisco llevó a esa ciudad italiana cuando acudió a visitarla para gritar alto al mundo la injusticia que estamos cometiendo con los refugiados y denunciar que el Mediterráneo es el mayor cementerio de la Historia.

No es el único lugar del mundo donde el dolor crece cada día sin que Europa o las Naciones Unidas pongan remedio. Cada día llegan noticias de otros lugares donde la violencia, la guerra o el odio causan centenares de víctimas y donde la vida no vale, literalmente, nada. Y donde hay hombres que se dejan la suya para salva la de otros.

 

Lugares como Bangassou, en la República Centroafricana, donde los musulmanes tratan de salvar a los católicos y los católicos a los musulmanes, donde un obispo católico coge de la mano a un iman y donde un iman camina junto con un obispo. La República Centroafricana apenas ocupa espacio en los periódicos, pero allí se está viviendo un terrible drama que dura casi quince años y que ni los cascos azules de Naciones Unidas ni la comunidad internacional tienen interés en que termine. Centroafrica no es un problema o eso parece. Doscientos setenta y cinco mil centroafricanos han huido del país y se han refugiado en Camerún donde resisten con la ayuda alimentaria recortada a la mitad, en ciudades donde la pobreza es para todos. Son solo una parte de los que han huido del terror que provocan los seleka, grupos rebeldes musulmanes, y los antibalaka, milicias cristianas. Unos y otros campan a sus anchas y destruyen todo lo que encuentran.

 

Juan José Aguirre, un obispo español que sigue allí, a pesar de tres infartos y de toda la violencia desatada, escribía hace unos días que "las ONG llevan tres días atrincheradas, los Médicos sin Fronteras sin poder venir a la clínica movil del campo de desplazados, ADTED sin traer agua, los aviones anulados. Las causas, señala, son tres: primero, los disparos ensordecedores de los cascos azules marroquíes cuando atraviesan Bangassou dos veces al día para buscar agua en el río. Luego, los antibalaka, por centenares, que siguen actuando como bárbaros sin humanidad contra cualquier musulmán. Ayer se fueron para Bangui, la capital, cinco camiones escoltados por cascos azules de Mauritania. Se subieron de forma clandestina una quincena de musulmanes. A 6 km del campo un camión tuvo una avería. Los mauritanos los sobrepasaron y les dejaron a su suerte. Los antibalakas se echaron sobre ellos. Dos hombres huyeron y se escondieron donde las monjas. Dos desaparecieron, a otro lo mataron y ultrajaron su cadáver y a una mujer y cinco niños los tomaron como rehenes. Esto sembró el pánico en el campo de desplazados. Finalmente los selekas, musulmanes radicales, llegaron y tomaron la ciudad, incendiaron medio pueblo al igual que la iglesia católica y los templos protestantes, saquearon la misión y el quirófano. En Bangassou, la ciudad se ha vaciado y las ONG hacen jornadas de manos caídas y amenazan con marcharse. Lo que más indigna es la ausencia del Estado. No hay ejército en la República Centroafricana". 

 

Los mismos discursos de odio se escuchan en otros países. Y nosotros, la Europa de los derechos humanos, no solo miramos hacia otro lado sino que ni siquiera acogemos a los que piden asilo. Incluso algunos exhiben con orgullo ese rechazo al extranjero. Vergüenza.
 

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