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Martes, 23 de mayo de 2017

Caudillo Sánchez

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Pedro Sánchez liderará un partido que llevará las siglas del PSOE pero que en muy poco va a parecerse a lo que hemos conocido como tal. El mismo lo ha anunciado. Pero no hace falta que lo diga. Ni en cuerpo esencial de principios y doctrina, ni en fórmula, modo y método organizativo en este partido de Sánchez va a haber escaso rastro de los que ha sido a lo largo de la historia no solo en sus planteamientos socialdemócratas sino ni siquiera de sus iconos e historia.

Como mucho guardarán el retrato del fundador Pablo Iglesias y deberían poner el de Largo Caballero, con quien quizás sin saberlo coinciden en mucho, porque al resto y a todos los secretarios generales desde la llegada de la democracia los consideran, y lo gritan, unos "fachas". Desde Felipe González a Zapatero, pasando por Rubalcaba y sin olvidarse de Guerra.

 

Pero no solo es una ruptura con la historia lo que la victoria plebiscitaría de Pedro, contundente y demostrativa de lo que ha calado su discurso victimista, simple y populista impreso en esa militancia muy enfebrecida, desde luego, pero cada vez mas escuálida en número, sino que supone también un terremoto que abre una sima a los pies de las direcciones territoriales y los poderes regionales y locales.

 

La primera afectada la gran rival derrotada. Una Susana Díaz y una organización, la andaluza, con una herida tan sangrante que puede llegar a amenazar una hegemonía mantenida sin fisuras durante mas de 30 años. Pero tras ella, todos, y algunos en peor situación incluso. El caso paradigmático el de Emiliano García Page, que llegó a proclamar que no sería candidato caso de imponerse Sánchez y a su lado, el aragonés Lamban, el extremeño Vara, el ya ex presidente de las gestora, el asturiano Javier Fernández y el casi patético Puig cuya irrelevancia en su organización alcanza dimensiones grotescas. Todos han perdido en sus territorios. Todos han quedado desautorizados por su militancia y todos ellos saben y sienten que los sanchistas, las consabidas palabrerías unitarias quedan para los ingenuos y los periodistas que han de publicarlas, los van a laminar, a su tiempo, modo y momento conveniente, a todos quienes se les hayan enfrentado.

 

Queda la sumisión total y habrá alguno, ya lo hay, que elija ese camino. Pero al resto les espera la resistencia en los congresos regionales y provinciales donde la batalla va a ser aún más descarnada o la dimisión inmediata como ha hecho el portavoz del Grupo Parlamentario, Antonio Hernando, en una reacción anticipatoria por segundos. Era uno de los "traidores" y junto con Luena, destrozado ahora en La Rioja de los más señalados por las tropas vencedoras. Los diputados nacionales opuestos a él en su mayoría habrán de elegir entre el acatamiento total o el ostracismo.

 

Pedro Sánchez ha derrotado al PSOE, al partido tal y como se había entendido siempre. Veremos ahora qué hace con los restos. Y visto lo visto poco optimismo cabe. Ni para los socialistas, el triunfador interno que vence a sus más relevantes compañeros, es el que ha perdido y de manera cada vez más grave una elección tras otra y votos a mansalva. Su deriva e inconsistencia política, confusa y contradictoria, le llevará al abrazo con Iglesias y a ese "codo con codo" que expresó ante Évole, aunque a lo que parece el oso es el otro y su falta de firmeza en asuntos esenciales como la propia Nación española a equidistancias perversas donde con tal de herir al Gobierno lo que haga es favorecer al separatismo que ven en él no un aliado sino el tonto más útil y necesario en unos momentos decisivos y que pueden ser dramáticos.

 

El PSOE no solo no se ha librado de Sánchez, perdonen que recuerde mis palabras del 1 de Octubre, sino que ahora regresa aún más cargado de rencor, todavía más radicalizado y con las manos libres por su victoria. Si alguien en principio debe de temer lo peor deberían ser ellos mismos, y no son pocos pero sí minoría quienes lo tienen. Porque el voto de los militantes, ahí está el caso de Francia o el de Reino Unido, se compadece luego muy poco con el de los ciudadanos y Pedro Sánchez bien pudiera, eso indican sus anteriores comparecencias en urna, solo capaz de derrotar a sus propios compañeros y ser el preferido de sus rivales y enemigos. Desde luego el de Podemos. Pero también el mejor "argumento" del PP y de Ciudadanos. A Rajoy le pone en bandeja una idea fuerza bien impresa ya en la sociedad española, el tandem Pedro-Pablo puede llevarnos otra vez rumbo al abismo y a Rivera una oportunidad dorada, los votantes moderados del PSOE se quedaron ayer huérfanos.

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