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Martes, 23 de mayo de 2017

La militancia habló

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Y lo hizo de manera contundente, no dejando margen para la duda. El denominado por sí mismo "candidato de la militancia", Pedro Sánchez, obtuvo el respaldo mayoritario de esta (50,21%), sacando más de diez puntos de diferencia a la candidata "oficial", Susana Díaz, que se quedó en un 39,94%. En tercer lugar, tal y como todos esperaban, el vasco Patxi López con el 9,85% de los votos, que aunque puedan parecer pocos, pueden ser suficientes para hacerlos valer ante el candidato ganador, si éste, que sería lo lógico, buscara integrar en su equipo a la gente del ex-lehendakari.

Que 149.000 militantes de los 188.000 que declara tener el PSOE hayan participado en este proceso de primarias me parece en sí una noticia muy relevante. No sólo indica un gran nivel de movilización entre la militancia socialista ante la trascendencia de la elección, sino que también refuerza la legitimidad del triunfo de Sánchez, sólo siete meses después de que fuera descabalgado de la secretaría general en aquel tormentoso y bochornoso Comité Federal celebrado el 1 de octubre del pasado año en la sede de la calle Ferraz de Madrid.

 

En los últimos días de la campaña de las primarias, los tres candidatos apelaron a la necesidad de trabajar por la unidad a partir del día después. Habrá que ver si todos mantienen esas promesas. Por lo visto y oído en la noche del pasado domingo, dio toda la impresión que Susana Díaz había asimilado muy mal su derrota, algo que se puede entender, porque efectivamente ha sido un batacazo en todo regla el que se ha pegado la lideresa andaluza. Patxi López lo tiene más claro y sabrá adaptarse mejor a los nuevos tiempos que se avecinan en el PSOE con Sánchez de vuelta en la secretaría general. Y el vencedor de esta batalla, si actúa inteligentemente, buscará la complicidad con López al que ya tuvo en su anterior ejecutiva, lo que le bastaría para controlar todas las federaciones socialistas, salvo la andaluza.

 

El triunfo de Sánchez abre un nuevo tiempo, no sólo en el PSOE, sino en el tablero político nacional. El candidato triunfador no ha ocultado nunca su objetivo prioritario: unir a la izquierda para echar a la derecha del poder. Y para lograrlo, tendrá que buscar el entendimiento con Podemos y con los partidos independentistas catalanes. Pero antes deberá hace un gran esfuerzo para coser en la medida que sea posible el PSOE, porque en las próximas elecciones generales no puede permitirse tener un resultado tan malo como el que obtuvo en diciembre de 2015 (90 diputados) o en junio del pasado año (85 diputados). Mientras tanto, ya puede espabilar Rajoy y el PP, porque entre la corrupción y la más que probable alianza de las izquierdas, su permanencia en el poder puede tener ya fecha de caducidad.

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